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Restyling: rediseñando mi vida

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Normalmente te planteas hacer un restyling de tu vida cuando has pasado por una experiencia negativa y otras veces lo haces porque lo deseas y tienes muchas ganas de empezar el cambio.

Al pasar por una experiencia dolorosa, rompes con todo y somos un poco extremistas en el sentido positivo de la palabra. Por ejemplo, si rompemos con nuestra pareja con la que convivíamos lo normal será replantearnos nuestra vida y ser un poco emprendedores. Lo primero que solemos hacer es buscar el calor de los nuestros, nos dejamos ayudar por familiares y amigos y dejamos que sus buenas intenciones nos invadan. Buscamos piso, un piso que nos guste solo a nosotros y lo decoramos a nuestro gusto. Nos podemos llegar a plantear si hacer un año sabático en el extranjero o viendo mundo. Podemos optar por vivir en un pueblo más pequeño porque la ciudad nos está agobiando. Si no estamos bien en el trabajo, podemos cambiar de puesto. Y si nos apetece incluso cambiamos de look.

De alguna manera nos transformamos. Pensamos en nosotros mismos. Pensamos en nuestra libertad, en lo que queremos y nos cuestionamos muchas cosas.

Seguro que esta escena la has vivido muchas veces: Tú mirándote en el espejo del baño haciéndote preguntas existenciales. ¿Quién soy? ¿Soy yo en realidad? ¿En serio soy esta persona que veo delante de mí? Y entonces piensas que es alucinante todo lo que puedes llegar a ser y a hacer. Si nunca has hecho este ejercicio, hazlo, va muy bien para darte cuenta de las cosas, de que existes, de que estas aquí en este momento, ahora. Es un ejercicio que relaja. Mírate y mírate bien. Eres tú y eres único.

Hacer un restyling en tu vida no tiene por qué ser después de haber pasado por una experiencia desagradable pero la mayoría de las veces es así porque es cuando reaccionamos, porque simplemente es el momento, es nuestro momento.

Si en tu vida actual estas cómodo y te gusta como están las cosas no tienes por qué cambiar. Hay que ir evolucionando día a día y modificar cosas que no te gustan pero no hace falta ser demasiado radicales si no queremos. Solo tienes que escucharte.

Es importante ir retándose cada día porque de esta manera podrás llegar a todas partes. Colorea tus días con tonos diferentes. Haz que los días de cada día sean diferentes y creativos. Productivos para ti. De esta manera te irás a dormir pensando que los días siempre tienen un elemento sorpresa porque es el ingrediente que tú le sumas.

Si un lunes te levantas antes y te sobra tiempo después del desayuno, ponte a hacer un poco de ejercicio antes de ducharte. Si el martes al salir del trabajo tienes ganas de hacer esa copa con ese amigo que no ves hace unas semanas, ¡adelante! Si el miércoles pasas por esa pastelería y te apetece un dulce como postre, llévatelo. Si el jueves te levantas y tu gato/perro está juguetón, entretente un poco con él antes de irte y por la noche regálale la pelotita que le has comprado por la tarde. El viernes haz un poco de yoga/meditación/rutinas hit y el fin de semana tómatelo con calma. Son tus días y puedes gestionarlos como tú quieras. Puedes hacer una escapada por la montaña que viene muy bien para evadirse, respirar y pensar. Puedes leer más, dibujar, salir con tus amigos, salir con tu pareja, ir al teatro, etc.

La idea es incorporar nuevas pinceladas en tu vida. Añadir todo aquello que quieras y que sea positivo para ti y deshacerte de lo que no te conviene. Es importante detectar qué es lo que nos conviene y lo que no, qué aceptamos y que no. Me refiero a hacer un restyling de todas aquellas personas tóxicas que no te aportan nada, que con ellas no puedes ser tú mismo, todas aquellas que te restan, aquellas con las que no tienes nada en común y muchas veces te preguntas, bajo la incomodidad total, porqué estás perdiendo el tiempo con éstas.

Parece duro pero todas estas preguntas nos las tenemos que hacer para mejorar porque poco a poco nos daremos cuenta de lo que queremos y no queremos en nuestra vida. Estamos aquí para ser felices, para sonreír y para comernos el mundo y nos lo podremos comer con personas agradables que nos llenen. Si desperdiciamos nuestra vida con personas que no valen la pena, no vivimos, pensamos más en los demás que en nosotros mismos. En lugar de satisfacer a los demás, tienes que satisfacerte a ti mismo.

Con el tiempo nos iremos dando cuenta. La madurez pone de manifiesto estas cosas. Cosas que antes no valorábamos y que van saliendo a la luz para que miremos hacia adelante y para que vivamos más lo que merece la pena sin mal gastar energía en cosas que no tienen sentido. 

 

 

Carla Colell. Coordinadora del Centro Núria Jorba.

 

 

Libros sobre educación afectivo-sexual para la infancia

 

La sexualidad es una dimensión importante dentro de la experiencia humana, presente desde el desarrollo embrionario y que nos acompaña a lo largo de la vida. Cuando hablamos de sexualidad, vamos más allá de la genitalidad y las relaciones sexuales, también incluimos intimidad, amor, autoconocimiento, placer, interacción con otros, límites y consentimiento. La sexualidad afecta tanto a quiénes somos como a nuestra manera de relacionarnos.

Desde la más tierna infancia los niños y niñas tienen dudas sobre su propio cuerpo e interés por saber de dónde vienen los bebés, lo cual nos llevará a tener que responder a sus preguntas. Las familias pueden valerse de cuentos para ayudar a transmitir la información adecuada y adaptar el lenguaje a cada edad.

A continuación encontraréis algunos libros infantiles especialmente diseñados para tratar la sexualidad en la infancia.

 

De donde venimos

 

¿De dónde venimos? (Disponible en catalán) A partir de los 3-5 años. Este libro es un clásico fundamental para entender los entresijos del inicio de la vida, además de una guía útil para padres y madres. A lo largo del libro se abordan conceptos como hacer el amor, quedarse embarazada, el crecimiento dentro del útero o el parto.

 

 

 

Mi cuerpo es mío

Mi cuerpo es mío (Disponible en catalán). A partir de los 5 años. Este libro tiene como protagonista a Clara, una niña que no se siente a gusto con algunas muestras de afecto o el contacto por parte de los adultos. La historia ayudará a niños y niñas a conectar con sus emociones, entender que su cuerpo es solo suyo y establecer límites; abordando de forma indirecta la prevención de abusos. Aunque es un tema inicialmente difícil, es importante no dejarlo de lado, especialmente cuando el porcentaje de abusos en la infancia en España se sitúa alrededor del 20%.

 

 

Cuéntamelo todo

 

Cuéntamelo todo (Disponible en catalán). A partir de los 8 años. Este divertido libro contiene 101 preguntas realizadas por niños y niñas sobre sexualidad. A través de sus preguntas inocentes y sin tabús se tocan temas relacionados con el cuerpo, los cambios en la adolescencia, prácticas sexuales, el embarazo, el enamoramiento, la orientación sexual, el sexting, los abusos… ¡Muchas preguntas te sorprenderán! Con cada pregunta viene una respuesta elaborada por la educadora sexual Katharina von der Gathen, lo cual facilita cómo responder a estas preguntas o similares.

 

 

La guia sexual de titeuf

 

 

La guía sexual de Titeuf. A partir de los 10 años. Este libro contiene todas las preguntas que se plantean los chicos y chicas ante los cambios que conlleva la adolescencia. Además de contener mucha información, a través de las viñetas, Titeuf, habla de temas relacionados con sexualidad de forma divertida y sencilla.

 

 

 

Es alucinante

 

Es alucinante (Disponible en catalán). A partir de los 10 años. Este libro trata con sencillez, ironía y sinceridad diversos aspectos del sexo, de la reproducción y el amor. Los protagonistas son un pájaro sin tapujos y locuaz y una abeja vergonzosa, que a través de sus conversaciones y bromas nos guían por los diferentes capítulos. Estos personajes sirven para abordar preguntas que muchos pequeños tienen, pero no se atreven a hacer.

 

 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Sexóloga femenina.

 

 

El desamor en la era de Tinder y Whatsapp

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Las nuevas tecnologías han cambiado nuestra forma de ligar y conocer gente. Utilizamos aplicaciones y redes sociales para encontrar posibles parejas, nos empezamos a conocer a través de conversaciones de chat, nos damos likes en Instagram para hacer saber al otro que tenemos interés…

Inicialmente cuando conocemos a alguien, existe un periodo de incertidumbre hasta que descubrimos si con esa persona queremos que la relación vaya a más. Nos vamos conociendo y creamos unas expectativas de lo qué va a suceder, basándonos tanto en los contactos que se van dando en el mundo virtual como en el cara a cara. Por lo general, en el intercambio tecnológico amoroso, desconocemos cuáles son las reglas del juego. Y aunque estamos constantemente conectados, la información no es siempre clara, honesta y directa. La comunicación a través de la red puede dar lugar a un vínculo superficial donde no hay una implicación emocional. Y esto tiene una clara influencia en la forma en qué cerramos estas relaciones cuando ya no tenemos interés o no cumplen con nuestras expectativas: de repente cortamos con la comunicación diaria, bloqueamos a esa persona… Las redes sociales nos ponen fácil el poder desaparecer.

En inglés se han acuñado los siguientes términos para explicar las nuevas maneras de cómo se afronta el rechazar a través de las nuevas tecnologías.

Ghosting. Esto ocurre cuando se corta de repente la comunicación con alguien con quien hemos tenido varias citas y hemos estado hablando casi diario, pero por quien ya no tenemos interés en continuar conociendo. Esta estrategia suele utilizarse cuando no se es capaz de afrontar el hacer daño al otro o dar una mala noticia. Simplemente es más fácil desaparecer: volverse un fantasma.

Icing. Este caso corresponde a cuando no se da una razón directa para dejar de verse, sino que se dan excusas para alargar el tiempo hasta la próxima cita: estoy ocupado/da, tengo mucho trabajo, tengo un compromiso, no he podido organizarme… Incluso puede parecer que hay interés en volver a verse, pero no se acaba de concretar nada porque siempre sucede algo. Esto puede ocurrir cuando no se está seguro de si dejar de ver a la otra persona, por lo tanto se deja la puerta abierta en caso de cambiar de parecer. Sería como congelar al otro para un posible futuro.

Simmering. Este término define cuando una de las partes reduce la frecuencia en el intercambio de mensajes o la propuesta de citas. Suele darse porque hay algo que no funciona o no acaba de gustar, pero en vez de abordarlo, prefiere mantener la sensación de compañía virtual e ir valorando otras opciones. Como si los mensajes fueran el fuego que alimenta la relación, y fuéramos bajando la intensidad hasta que la relación se enfría progresivamente. La otra parte puede tener la sensación de qué ocurre algo, pero carece de evidencia suficiente para poder entablar una conversación sobre el tema.

Éstas son formas de cerrar el estar conociendo a alguien de manera poco clara y ambigua, lo cual provoca una incertidumbre que suele generar un caos emocional. La otra persona no entiende el porqué alguien deja de contestarle a los mensajes o de repente ha sido bloqueado. Todo rechazo tiene unas consecuencias, y en estos casos, el rechazado puede entrar en una especie de confusión. En muchas ocasiones puede aparecer un resentimiento posterior por la falta de una explicación y el no haber afrontado la situación de manera clara. Estas actitudes empobrecen nuestras habilidades comunicativas, en vez de reforzarlas afrontando el dar una explicación. Lo ideal sería, por consideración y respeto al tiempo compartido, ser capaces de empatizar con la otra parte y cerrar de forma honesta y directa. 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Sexóloga femenina.

 

 

Excusas para no ir al psicólogo

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Llega un momento en la vida en que te planteas hacer algo nuevo, iniciar un nuevo proyecto porque tienes una inquietud que debe ser saciada. Cada uno de nosotros tiene inquietudes diferentes y lo que haces tú no lo podría entender tu hermano, por ejemplo y lo que hace tu hermano no lo podrías hacer nunca, piensas.

A veces nos encerramos en nosotros mismos. Cada uno tiene unas creencias predefinidas y cuesta mucho desvincularnos de ellas. Imaginémonos que tu hermano está visitando al psicólogo o alguien cercano a ti lo está haciendo. ¿Qué es lo primero que se te pasa por la cabeza?

Si nunca has considerado la idea de ir a terapia seguramente pensarás que es una pérdida de tiempo porque “tu no necesitas un psicólogo”, “las cosas las puedes gestionar tu solo”, “mis amigos y familiares me pueden ayudar a superar alguna adversidad que pueda tener” y es que la mayoría delas veces solemos hacer prejuicios sobre las cosas sin estar muy bien informados.

 

Voy a citar cuáles son las frases más típicas para no visitar al psicólogo y seguidamente añadiré una recomendación:

“Probaría de ir al psicólogo pero no sé cuándo, no tengo tiempo”

Es una de las excusas más típicas, el tiempo. Siempre hablamos del tiempo que perdemos o el tiempo que nos falta. ¡Siempre podemos encontrar tiempo para hacer las cosas! Solo nos hace falta organización. Decirlo suena muy bien pero hacerlo cuesta más. Solo tenemos que darnos un empujón a nosotros mismos. Todo se puede hacer y a todo se llega a tiempo o a destiempo pero se llega.

“No quiero abrirme con una persona que no conozco”

Un psicólogo va a tratar tu caso de manera objetiva. Un psicólogo es una persona neutral que tratará tu caso de manera confidencial, profesional y cauta. Siempre te aconsejará lo que sea mejor para ti. Gracias a tus palabras, creará un plan beneficioso para ti, para que mejores y mires hacia adelante y nunca más vuelvas atrás (es el objetivo principal).

“Tengo mis momentos, no siempre estoy contento está claro”

El objetivo que tenemos que conseguir es equilibrarnos. Tener matices. No podemos vivir en el blanco o en el negro, en lo positivo o en lo negativo. Tenemos que identificar nuestras emociones y conocerlas. Saber que lo que queremos tratar (en teoría, lo malo) no nos define. Podemos redirigirlo.

“Si dejo pasar un periodo de tiempo, cambiaré por mí mismo”

No gestionar lo que te está pasando o dejarlo para más tarde no hará que se vaya. Es como si en el trabajo ignoras al pesado de turno, por mucho que lo hagas seguirá estando ahí y seguirá molestándote hasta que no soluciones el conflicto que tienes con él. Alargar las cosas no hace que desaparezcan. Lo mejor que podemos hacer es enfrentarnos a ellas. Ponerles fin para cerrar un capítulo más en nuestra vida.

“Es muy caro, no puedo gastar tanto en una cosa así”

Considero que lo que te saldrá muy caro es no haber pensado en ti. ¿Cuándo te permites un capricho acaso escatimas? Seguro que muchas veces no así que ¿Por qué no inviertes en ti mismo? Por lo menos pruébalo. Date una oportunidad. No hace falta buscar el sitio más caro, simplemente te tiene que dar confianza. Haz una lista de los profesionales que te gustaría visitar y vas descartando opciones.

“La gente rara vez cambia”

La verdad es que es incierto. La gente cambia, solo necesitan encontrar su oportunidad. La madurez te hace cambiar y es que el cambio existe en las personas y existe en ti. Somos humanos, no somos máquinas programadas, nos podemos reprogramar. ¿Cuándo tenías 18 años eras muy diferente a ahora no? Entonces ya tienes la respuesta. El objetivo no es cambiarnos al 100% perdiendo nuestra esencia es reeducarnos y gestionar ciertas conductas. Aprender lo positivo y desaprender lo negativo en tu vida.

“A mí me han dicho que no funciona”

Las experiencias que hayan tenido otras personas no son las mismas que las que puedas tener tú. No sabemos a quién visitó esa persona, en qué momento se encontraba y que predisposición existía por parte del psicólogo y de él mismo. No te dejes llevar por las opiniones de los demás y haz tu propia búsqueda exhaustiva para tener un buen juicio.

 

En definitiva, tienes que mirar por ti y pensar solo en ti. No tengas miedo ni temas nada porque no se trata de nada negativo. Piensa que es un paso adelante, no tenemos por qué escondernos de nada. Saca a la luz todo aquello que tienes guardado ¡te sentirás mejor! Si te lo vas guardando llegará un momento en que explotarás, tu cuerpo gritará lo que escondes y va a ser perjudicial para tu salud. A veces solo nos preocupamos por nuestras dolencias físicas pero ¿y las psíquicas? ¡Piénsalo! 

 

 

Carla Colell. Coordinadora del Centro Núria Jorba.

 

 

Mi primera vez en la consulta

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Seguramente nunca se te había pasado por la cabeza pedir hora en un centro de psicología porque pensabas que los problemas los podías resolver tu solo, sin ayuda. Pero pedir ayuda, aunque a veces nos cueste mucho, es muy sano. Pedir ayuda a nuestros amigos o familiares nos suele costar más o menos, pero pedirla a nivel profesional nos cuesta más. Nos suele costar porque desconocemos, muchas veces, como trabajan los terapeutas y nos preguntamos cómo enfocarían un caso como el nuestro.

Para salir de dudas lo que podemos hacer, en primer lugar, es buscar por internet un centro el cual esté formado por buenos profesionales y con buenas referencias. Parece una tontería pero hoy en día todas las páginas web cuentan con opiniones y éstas nos pueden ayudar mucho a la hora de escoger un centro u otro, un profesional u otro. Está claro que la persona que escojas tiene que llamarte la atención por una razón u otra. Por su profesionalidad, por su reputación en su campo, por las opiniones favorables de la gente que, antes que tú, ha asistido a una terapia, etc. Y sobre todo es importante el “feeling”. Si un centro te llama la atención y no sabes por qué será positivo seguro. Somos energía y nos movemos por sensaciones así que por probar no pierdes nada porque el “no” ya lo tienes.

La primera vez que acudas a la terapia seguramente estarás nervioso porque no sabes exactamente como procederá el terapeuta y cómo enfocaréis la dinámica de la terapia pero a los pocos minutos deberías empezar a sentirte cómodo si es que la persona que está delante de ti te hace sentir así. Si se produce el efecto contrario, no te preocupes. No podemos conectar con todo el mundo así que si no te ha acabado de convencer, puedes indagar un poco más y contactar con otro centro y esta vez, antes de acudir, resuelve todas tus dudas por teléfono o por email. Cuéntales la experiencia que has pasado y remarca que no quieres que te vuelva a pasar.

El primer paso eres tú. Es tu decisión porque vas a emprender un camino de autoconocimiento en el que probablemente te sorprenderás. ¿Y por qué digo que te vas a sorprender? Porque el terapeuta, des de una visión totalmente neutral, te va a empezar a conocer, te va a orientar hacía el camino que quieras emprender y verás cómo empezarán a salir a la luz cosas que nunca hubieras imaginado, cosas que quizás pensabas pero no las decías en voz alta. En ningún momento deberías sentirte juzgado, al contrario, deberías sentirte apoyado porque el espacio que compartirás durante un periodo de tiempo será como un refugio en el que podrás ser tú mismo en esencia y en potencia.

Al cabo de unas sesiones deberías empezar a notar una mejoría en ti mismo. El tipo de terapia que resulta muy interesante es la terapia cognitivo-conductual ya que permite tratar la problemática a través de unos ejercicios que ayudan a cambiar los hábitos y conductas así como también se cambian los pensamientos, se redirigen hacia la positividad y se desdramatiza nuestro diálogo interior. Con estos ejercicios y con la terapia se consigue avanzar mucho más ya que te sentirás muy motivado trabajando para ti, para tus emociones, para tus pensamientos, para tus decisiones, etc. 

Te animo firmemente a que lo pruebes porque es una experiencia muy positiva. A veces nos cuesta mucho pensar en nosotros mismos y ya es hora de que nos empecemos a cuidar y a mimar un poco. No tengas miedo porque no hay nada que temer. 

 

 

Carla Colell. Coordinadora del Centro Núria Jorba.

 

La filofobia

 

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¿Verdad que todos hemos sentido miedo en algún momento de nuestras vidas?

El miedo es una emoción básica e imprescindible para nuestra supervivencia. Es la alerta, la alarma que tiene nuestro cuerpo para avisarnos de un peligro y así poder huir de él.

Cuando el miedo es muy intenso y desproporcionado hablamos de fobia. Algunas de las más conocidas son: la acrofobia (miedo a las alturas), la aerofobia (miedo a volar), la agorafobia (miedo a los espacios abiertos).

Pero, ¿Se puede generar miedo a algo que, a priori, no supone peligro? o ¿Podemos sentir pánico a situaciones generalmente deseables? ¿Se puede tener fobia al amor, a enamorarse?

 

Sí, se trata de la Filofobia (miedo a sufrir por amor).

Las causas pueden ser múltiples según cada persona: experiencias pasadas negativas, déficits afectivos, sentir pánico por sensaciones y emociones nuevas, miedo a tener pareja y pensar que puede perderse la vida actual, etc.

Como en todas las fobias, cuando la persona percibe “señales de enamoramiento y amor” su cuerpo reacciona como si estuviera delante de un gran peligro: ansiedad (mareos, taquicardia, temblores), bloqueo o necesidad de huir, etc.

Es fácil imaginar el conflicto y el sufrimiento que puede llegar a provocar este trastorno de ansiedad para quien lo sufre y, en muchas ocasiones, también para la persona que se está conociendo.

 

¿Se puede tratar y superar esta fobia?

Superar este miedo no es tan sencillo como afrontar una fobia hacia algo concreto e identificado como puede ser el miedo a las arañas o a los caracoles. La incomprensión que genera esta fobia implica un abordaje más completo y global.

De forma resumida, existen cuatro bloques que la persona deberá abordar:

 

1-      Reconocer el problema. Entender qué está pasando y estar motivado para cambiar la situación. Expresar los temores y ser consciente de la situación.

 

2-      Afrontar los miedos, regulando su intensidad. Aprender a base de exponerse a las situaciones temidas y apreciar que las consecuencias (peligros) que puede implicar una relación NO son graves.

 

3-      Centrarse en el momento actual de la relación, en el presente. Aprender a no vivir en los posibles futuros.

 

4-      Permitirse un tiempo para el cambio, para este nuevo aprendizaje en la vida. Darse la oportunidad de pedir ayuda profesional.

 

 

Así pues, la Filofobia puede llegar a convertirse en un problema incapacitante para la persona que lo sufre. Saber detectarla y empezar a afrontarla es el camino para superar sus síntomas y poder avanzar en la vida sin miedo e ir hacia la felicidad y el amor.

 

 

 

 

        Eva Juni. Sexóloga masculina y terapeuta de parejas.

 

 

¿Cómo educamos las emociones?

 

La buena gestión de las emociones es una habilidad clave para conseguir el éxito en la vida adulta, por eso su aprendizaje durante la infancia es de gran relevancia.

Goleman (psicólogo especialista en el tema), define la inteligencia emocional como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de gestionar correctamente nuestras relaciones”. Para desarrollar esta inteligencia tenemos que trabajar dos aspectos: la conciencia de nuestras emociones y la gestión de las mismas. Ahora bien, para poder crear una buena base emocional, debemos ser capaces de entendernos a nosotros mismos (qué nos enfada, qué nos entristece, qué nos alegra, etc.) así como entender nuestro entorno. Obteniendo de esta manera una mayor competencia social y unas mejores relaciones interpersonales.

Hoy en día, la educación de las emociones no es una prioridad en las escuelas, queda en manos de los nuestros, de la familia. Si tenemos interés en trabajar este tema con nuestros hijos o alumnos, los cuentos son una buena herramienta porque nos ayudan a desarrollar una buena competencia emocional.

A continuación encontraréis algunos libros infantiles especialmente diseñados para tratar el tema de las emociones.

La casita de las emociones
La casita de las emociones (a partir de los 3-4 años).
En este cuento encontramos estrategias para las cuatro emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y molestia. La protagonista es Claudia, que con la ayuda de su madre, imagina cuatro habitaciones diferentes de la casa donde, en cada una de ellas, predomina una emoción. El objetivo del libro es ofrecer las pautas educativas para empezar a gestionar adecuadamente las emociones. Es un cuento que lo puede compartir toda la familia.

 

 

El monstre dels colors
El monstre de colors
(disponible en castellano) (a partir de los 5 años). Narra una historia sencilla y divertida para introducir, a los niños y niñas, el lenguaje de las emociones. El protagonista es un monstruo que no sabe qué le pasa, está hecho un lio con sus emociones y va buscando colores que le ayudaran a resolver este follón. Es muy interactivo porque se puede comprar junto con un cuaderno para colorear.

 

 

 

Laberint de lànima
Laberint de l’ànima
(disponible en castellano) (a partir de los 7-8 años). Este libro es una especie de enciclopedia que recoge 58 emociones y estados de ánimo, te invita a hacer un viaje hacia tu interior. Es una herramienta muy potente para estimular la inteligencia emocional.

 

 

 

Taller de emociones
Los atrevidos
de la colección Taller de emociones. La escritora, Elsa Punset, ha creado una colección de libros infantiles en los que pretende ayudar a niños y niñas a entender lo que sienten y gestionar con éxito sus emociones. Cada libro está dedicado a una emoción o habilidad: miedo, rabia, tristeza, alegría, autoestima, autocontrol, trabajo en equipo, etc. Los protagonistas atrevidos son Alexia, Tasi y su perro Rocky, y los acompaña la gaviota Florestán, una experimentada entrenadora de emociones. A través de las aventuras de los personajes se pretende que los más pequeños aprendan a poner nombre a lo que sienten y a saber cómo beneficiarse de cada estado emocional.

 

 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Sexóloga Femenina.

 

 

Educando en diversidad familiar

 

Actualmente la realidad familiar de nuestra sociedad se está transformando. Hasta hace poco lo habitual era una pareja heterosexual con dos hijos, pero en las últimas dos décadas esto ha cambiado. Pero, ¿qué es una familia? Es el hogar, allí donde nos sentimos amados y seguros. La familia tradicional ya no es el único modelo y han surgido nuevos tipos de hogares. Aunque el tema de la adopción sí ha sido un tema tratado desde los cuentos infantiles, otros como los hogares monoparentales, parejas homosexuales con hijos o parejas que optan por tratamientos de fertilidad aún son escasos.

A continuación encontraréis algunos cuentos donde estas nuevas familias pueden verse representadas. Estas historias no son exclusivamente para estas familias, ya que lo interesante sería que todos los niños y niñas los leyeran. Y así conocer diferentes realidades, haciéndonos más respetuosos con la diferencia.

 

Cada familia a su aire

 

 

Cada familia a su aire. Los personajes de este libro se agrupan por familias, todas parecidas y todas diferentes: desde familias monoparentales hasta tribus, pasando por familias homoparentales y familias recompuestas. ¡Nadie se queda fuera!

 

 

 

Recetas para hacer bebés

 

 

 

 

Recetas para hacer bebés. Explica las diferentes formas de concepción actual a través de ilustraciones para que los y las menores entiendan cómo nacieron. Contempla la donación de esperma, la donación de ovulo, la donación de embrión, la gestación subrogada y la adopción.

 

 

 

Un regalo de vida chiquitito

 

 

Un regalo de vida chiquitito. Este cuento explica la donación de óvulos a través de una pareja de conejos. Ayuda a entender este proceso de forma sencilla y amorosa.

 

 

 

 

 

Tengo una mamá y punto

 

 

 

 

Tengo una mamá y punto. Este libro aborda las familias con un solo progenitor. Para Camila su familia es su mamá y su perro, el problema surge a raíz de que la profesora de la niña le pide que dibuje al papá que le gustaría tener.

 

 

 

 

 

 

papa-papi-y-yo

 

Papa, papi y yo y Eric y su familia. Son dos cuentos sobre la gestación subrogada. El primero sobre una pareja gay y el segundo, el caso de una pareja de distinto sexo.

 

 

mamá sueña con un bichito de luz

 

 

 

Mamá sueña con un bichito de luz. Este cuento trata sobre una madre soltera que busca quedarse embarazada por un tratamiento de reproducción asistida gracias al semen de un donante.

 

 

 

 

 

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Sexóloga Femenina.

 

 

 

Hablando de género

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La palabra “género” se encuentra encima de la mesa de actualidad. Según la OMS El género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. Las diferentes funciones y comportamientos pueden generar desigualdades de género, es decir, diferencias entre los hombres y las mujeres que favorecen sistemáticamente a uno de los dos grupos”.

Pero la revolución del género está aquí para quedarse. La corriente actual quiere romper con el binarismo, quiere abrirse a la diversidad sexual y es que el género se está redefiniendo. Su objetivo es ir más allá de lo que significa ser mujer y hombre. A causa de ello, está apareciendo un nuevo vocabulario para entender las diferentes identidades sexuales que engloban la diversidad sexual humana. El lenguaje es importante, ya que si algo no tiene nombre, no existe. Poner etiquetas nos sirve para identificar quiénes somos y nos ayuda a entendernos. Hasta ahora todo se resumía en dos categorías, hombre o mujer, azul o rosa, masculino o femenino, y se acaba estigmatizando a aquellos que no entran en estas etiquetas. El lenguaje da forma a la experiencia.

Este año, National Geographic ha publicado un número especial sobre el género y todo su espectro de posibilidades. En él se enumeran y se desglosan los nuevos términos en referencia al cuerpo, al sexo y al género. A continuación se incluyen algunos de estos términos para entender la revolución de género que estamos viviendo:

Cisgénero: Este término describe aquella persona que su identidad de género corresponde con el sexo biológico asignado al nacer.

Transgénero: Este término describe aquella persona que su identidad de género difiere con el sexo biológico asignado al nacer. A veces se abrevia como “trans”. Hace referencia a un amplio número de identidades que incluyen mujeres trans y hombres trans.

Transexual: Esta palabra es la menos reciente, y se utilizaba para designar a esa persona transgénero que recibía tratamiento hormonal o se había realizado alguna cirugía de reasignación para que su cuerpo fuera más parecido al cuerpo correspondiente con su identidad de género que con el sexo asignado al nacer. Actualmente ha ganado mayor uso el término transgénero.

Intersexual: Se trata de una categoría paraguas que abarca diferentes realidades. Es aquella persona con alguna condición genética, genital, reproductiva u hormonal que no encaja con el modelo binario de cuerpo típico de mujer u hombre. No es lo mismo que transgénero, aunque a veces hay personas que lo confunden. Antes podían ser conocidos como hermafroditas, pero ese término se considera fuera de uso en la actualidad.

Queer: Categoría paraguas que incluye a todas aquellas personas que no son heterosexuales o/y cisgéneros.

Genderqueer: Aquella persona la cual no se identifica ni como hombre ni como mujer, sino más allá de esas etiquetas o en una combinación entre ambas.

Andrógino: Denomina a las personas que combinan tanto rasgos femeninos como masculinos, y tiene una expresión de género no tradicional.

Género fluido: Palabra que identifica a aquellas personas las cuales su identidad de género o expresión de género navega entre lo masculino y lo femenino, o se encuentra en algún punto del espectro hombre/mujer.

Agénero: Término que describe a esa persona que no se identifica con un género que pueda ser categorizado como hombre o mujer. Por lo tanto no se identifican con ninguna identidad de género.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

Deseo

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Hablemos de deseo, en especial, de deseo femenino.

En general, a las mujeres, les han enseñado a no mostrarlo, o al menos no de manera explícita. Si lo hacen ha de ser de manera sutil, nunca como sujetos activos y raramente tomando la iniciativa. Incluso les repiten una y otra vez que las mujeres no tienen tanto deseo sexual como los hombres, y muchas acaban pensando que el problema lo tienen ellas cuando tienen más apetito que sus parejas hombres. Esto también ocurre con la comida, se da por hecho que una mujer debería tener menos “apetito” que un hombre. En ambos casos, se les enseña a auto controlarse, a no mostrar y explicitar lo que realmente quieren e ir a por ello. No es de mujeres tener un gran apetito (y esto podría englobarse en muchos aspectos, como la ambición). Es una de las consecuencias que aún arrastramos de la educación de género. Parece que seamos como pajaritos que con poco nos basta. Se ha convertido en una cosa normal. Incluso si tenemos deseo, en las relaciones heterosexuales, culturalmente no debemos expresarlo hasta que él lo exprese. En el primer contacto, si lo hiciera podría ser vista como promiscua, como una chica fácil o como un rollo de una noche, descartándose como potencial pareja. Él debería expresarlo primero (pues existe también la creencia de que ellos siempre tienen ganas, otro mito a derribar) y así despertar el de ella después. Parece como si su deseo no pudiese manifestarse sino lo hace él en primer lugar.

Socialmente se enseña que el valor de una mujer depende de cuánto es deseada. Están pendientes de ser atractivas para los demás, de que las miren, que las alaguen, de entrar dentro de los cánones de belleza (los que en la actualidad dicen que son los deseables, pues éstos van variando). De este modo, muchas viven buscando ser deseadas, pero no deseando. Aparcan el descubrir que despierta su deseo, para centrarse en despertar el deseo de otros. Además se enseña que las mujeres tienen que contenerse y suministrarlo (y no solo la primera vez): las mujeres son las que permiten que haya sexo, dado que los hombres siempre tienen ganas. Ejercer este papel como de guardianas y protectoras de su entrega sexual que dificulta el dejarse llevar y conectar con su deseo.

El deseo se alimenta de la novedad y la espontaneidad, algo que comulga bastante mal con la rutina y nuestra necesidad de seguridad. En nuestro día a día hemos pasado de ser un cuerpo a ser máquinas que producen. Existe un estrés importante para compaginar la vida profesional y personal, que incluye familia y amistades, que hace que los sentimientos comunes sean de cansancio, insatisfacción y sufrimiento por no llegar a todo. Es como si llevásemos varias vidas a la vez. Además muchas veces se suma el perfeccionismo y la exigencia, mezclándose con una inevitable culpa al no llegar a los estándares. Todo esto genera que nos desconectemos de la escucha del cuerpo y sus necesidades. Se reducen los espacios para descansar y relajarse, del disfrutar por disfrutar, sin ser productivo. Pero, ¿cómo y dónde metemos el deseo sexual en todo esto? Sobre todo cuando la estrategia de la mayoría utiliza desconectarse de lo que necesita y de su cuerpo (y finalmente del deseo) como estrategia para llegar a todo. Está es la estrategia inconsciente de muchas mujeres: desconectarse de sí mismas, para así poder satisfacer las necesidades de los demás antes que las propias. No es posible la relajación, hay demasiados frentes que atender. Sin un momento para parar, se pierde la escucha.

Además cuando se tienen espacios propios, cuando la pareja no está siempre junta, entonces la mente tiene tiempo para echar de menos, y en su ausencia se desarrolla el deseo y aumenta el anhelo. A veces perdemos la libertad personal por el miedo de perder la conexión con el otro. Pero es la fantasía la que mantiene vivo el deseo. Para fantasear es necesario darle espacio y tiempo a la mente para explorar, curiosear y desarrollar ideas. Aunque tampoco se pueden olvidar los espacios de intimidad de la pareja, ingrediente indispensable para que aparezca el deseo. Momentos para reírnos juntos, conectar sobre cómo estamos y sentimos, cuidar y sorprender al otro, compartir actividades. Y es que al final, todo consiste en encontrar la mezcla justa de intimidad y anhelo

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

Escuchar y comprender tus emociones

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Nuestro cerebro se encuentra dividido en 3 partes principales: el cerebro primitivo, el sistema límbico y el córtex. En primer lugar, el cerebro primitivo, o también conocido como reptiliano, es el más antiguo evolutivamente y se ocupa de los reflejos y los automatismos aprendidos. Es el que correspondería a las reacciones instintivas, pues asegura nuestro comportamiento de supervivencia, y se relaciona con las emociones primarias como el miedo, la rabia, el asco, la alegría y la tristeza) y genera circuitos inmediatos de respuesta. Después está el sistema límbico, el cual es la sede de las emociones y genera las reacciones más elaboradas. Por ello también se le da el nombre de cerebro emocional. Por último está el córtex, o cerebro racional, que corresponde a nuestro cerebro más reciente y evolucionado. Es el centro de nuestras reflexiones, planifica y gestiona, permitiendo dar una respuesta más controlada desde el circuito racional.

Cada parte cerebral podríamos decir que está relacionada con un tipo de respuesta ante las situaciones. El cerebro primitivo es aquel que nos conecta con los instintos y las alertas, con las tripas, con la respuesta más visceral, aquello que llamamos intuición. El límbico nos conecta con nuestra parte emocional, con el corazón. Y el córtex nos conecta con la parte racional, lo que entendemos como cerebro. Es importante mantener un equilibrio entre los 3 cerebros, aprender a escuchar tanto a las tripas, al corazón y también a la razón según la circunstancia.

En el caso de las emociones es esencial saber que la alianza del cerebro emocional y el racional darán lugar a un mayor equilibrio. Entender por qué nos sentimos como nos sentimos, nos dará información sobre quiénes somos y cómo queremos vivir. Para una mejor gestión emocional hemos de ejercitarnos en superar nuestra reacción provocada por la emoción y pasar del sistema límbico al cortical. Así tomaremos distancia para analizar la situación que provoca tal emoción y decidir cuál es la reacción más adecuada. Esto no quiere decir que dejemos de lado la expresión emocional, sino integrar ambas partes. Por ejemplo, en el caso de la tristeza, se trata de darnos un espacio para llorar y posteriormente entender de donde surge esa emoción y avanzar para que no se convierta en un círculo vicioso de sufrimiento.

 

Arantxa Moliner. Psicóloga emocional y Educadora sexual

 

 

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