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Psicología emocional

Ama y desea, pero no mires a quién

 

La sexualidad es una de las muchas facetas que conforma nuestra identidad global. Dentro de ella, la orientación sexual es una de las múltiples variables que definen la manera de expresar nuestra sexualidad, afectando nuestra vivencia e identidad. La orientación sexual viene establecida por diferentes dimensiones como:

  • La atracción sexual. Me gustan, me excitan, deseo acariciar y que me acaricien determinadas personas.
  • La atracción emocional. Deseo intimidad emocional con ciertas personas y son mi compañía preferente.
  • La conducta sexual. Busco conductas sexuales como besos y caricias con esas personas.
  • Las fantasías. Tengo representaciones eróticas con o de estas personas.
  • La identidad. Me identifico como tal.
  • El estilo de vida. Se refiere al rol social que desempeño. Mi forma de ser, vivir y comportarme se asemeja a un grupo de una orientación concreta y me gusta relacionarme con ese grupo.

Son elementos que definen la orientación sexual, pero no todos tienen por qué estar en la misma dirección, ya que existen muchas formas y grados de expresar la orientación del deseo. Todas las combinaciones son posibles y lo ideal es encontrar la propia harmonía. Cada persona tiene su propia sexualidad y la experimenta de una forma única.

En nuestra sociedad existe un modelo dominante de pareja: el heterosexual. La mayoría de personas nos socializamos en este tipo de pareja y somos modelados desde el aprendizaje social que lo valida como el correcto y esperable. Esto dificulta dar espacio a otros modelos de sentir y tipos de parejas.

Desde que somos niños y niñas se nos presupone heterosexuales. ¿A quién no le han preguntado ya en la escuela primaria si tenía novio o novia, presuponiendo su heterosexualidad? Es lo que entenderíamos como la heteronormatividad: lo normal es ser heterosexual. Aunque socialmente cada vez más aceptamos a adultos homosexuales, nos cuesta pensar en una infancia o adolescencia donde esté presente la homosexualidad. Por otro lado, hay otras orientaciones como la bisexualidad, pansexualidad o asexualidad (entre otras), las cuales se obvian, niegan o ridiculizan en muchos casos.

Una persona que creciendo sienta que su orientación sexual es diferente a la presupuesta heterosexualidad, sentirá que se encuentra fuera de la norma. Muchas veces podrá sentirse diferente, excluido y sin modelos de referencias. Probablemente pueda llegar a tener muchas dudas, miedos, culpa, vergüenza, confusión…  y todo este condicionamiento social es el que creará ‘el armario’ del que después se espera que se salga.

Como familia (e incluso como sociedad) nos faltan recursos para acompañar de manera natural en estos periodos de experimentación y descubrimiento. En la mayoría de casos pueden pasar años hasta vivir con normalidad la propia orientación, normalizando los pensamientos, emociones y conductas vinculadas a su sexualidad. Por eso muchas veces es recomendable un acompañamiento psicológico durante algún momento del proceso.

Hemos de entender que el deseo y el amor no se eligen, se sienten. Como sociedad nos toca normalizar el amor y la atracción, se dirija a quien se dirija, porque la diversidad de deseo, sentimientos e intereses no es algo que nos limite, sino que nos enriquece en conjunto. Por ello, hemos de promover una sexualidad sana independientemente de la orientación, y esto implica potenciar a cada persona en aceptarse, quererse y mostrarse tal y como es.

Arantxa Moliner. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.