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Terapia de pareja

Cómo lograr que funcione una relación entre dos separados con hijos

En las últimas décadas se han producido una serie de cambios sociales que han dado lugar a la aparición de nuevas formas de familia, entre ellas, la denominada “familia reconstituida”. Esta se define como una familia formada por una pareja de dos adultos en la que uno o ambos miembros aporta hijos o hijas de una relación anterior. Se trata de una realidad en continuo crecimiento dado el elevado número de separaciones y divorcios con hijos que se registran y que abren la puerta a que esas personas rehagan posteriormente su vida con otra pareja.

Antes de nada, debemos tener en cuenta que los componentes de estas familias ya llevan una carga de pérdida implícita y han tenido que pasar por un proceso emocional complicado que influirá en ellos. Y, en consecuencia, podría parecer que la mayoría de aspectos relacionados con estas familias plantearán más problemas que beneficios.

Pero lo cierto es que también tienen sus ventajas. Entre ellas la flexibilidad, la creatividad y la tolerancia, que hacen de estas familias un lugar rico de intercambio y experimentación de nuevas maneras de relacionarse. El experimentar que las relaciones no son eternas ni ideales da a sus miembros una actitud más tolerante ante la vida.

Claro que, como todas, las familias reconstituidas tienen dificultades de convivencia. Y algunas de las que les resultan específicas y más típicas son las que describimos a continuación:

– Intromisión de la ex pareja.

– La utilización de los niños como fuente de información y manipulación.

– La ingerencia de la familia externa o ampliada.

– Los cambios estructurales.

Por todo ello es importante que, antes de decidir convivir con una persona separada que tiene hijos, se tenga la seguridad de que la relación de pareja tiene perspectiva de futuro. Para ello, la receta es esperar un tiempo prudencial para comprobar que la relación funciona.

Por otro lado, hemos de ser conscientes y aceptar que el proceso de convivencia y de integración de la nueva familia requiere tiempo. Una de las maneras de facilitar el proceso (o al menos de no dificultarlo) es crear costumbres, celebraciones y tradiciones nuevas que fomenten la identidad y la cohesión de la nueva familia, así como trabajar mucho la expresión emocional, la comunicación y el apoyo.

La pareja del padre o de la madre ha de tener un rol más de amigo de los hijos que dedicarse a imponerles disciplina. Una manera de conseguir esto es ir acercándonos de una forma inicialmente más verbal que física. Es decir, el efecto verbal y la creación del vínculohan de ir antes que el contacto. Esto es debido a que los niños no admiten autoridad de un adulto hasta que éste no se ha ganado su confianza y respeto.

Por otra parte, existen un conjunto de retos que se han de plantear y superar las parejas que quieran dar el paso de convertirse en familia reconstituida. En primer lugar, han de consensuar la gestión económica y buscar un lugar para vivir. Si los dos miembros de la pareja tienen hijos, lo mejor es buscar una nueva vivienda. Y si solo uno de ellos tiene descendencia, lo mejor es que el otro se mueva al hogar donde están los niños.

También es fundamental dejar claros desde el primer momento los roles de cada miembro de la pareja, y tener establecidas las pautas de educación familiar, así como el calendario en que estarán los niños con ellos.

Por último, es importante prestar especial atención a la integración de los hijos entre 10 y 14 años, que suele ser la más complicada y conflictiva, ya que los niños menores de esa edad son pequeños y no acaban de darse cuenta de la situación y los adolescentes o jóvenes más mayores ya suelen hacer bastante su vida.

Por otro lado, la dedicación a la pareja durante todo este proceso se convierte en un ingrediente fundamental para facilitar la adaptación, ya que si no es así desde el inicio de la convivencia es posible que surjan futuros problemas.

 

 

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Núria Jorba. Directora del centro, sexóloga clínica y terapeuta de parejas.