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Estos días están siendo convulsos. Exceso y exceso de información acerca de la pandemia y todo lo que ésta conlleva.

Medios de comunicación, redes sociales, grupos de whatsapp, se ven monopolizados por el protagonista del momento, el coronavirus.

Y sin duda, las consecuencias de esta situación no están siendo ni van a ser solo físicas. De la mano de la tos, fiebre y sensación de falta de aire, van la angustia, el estrés y los miedos.

Este miedo, en su versión más funcional, es el que nos ayuda precisamente a tomar esas medidas que ya todos/as conocemos como el lavarse las manos con dedicación, usar mascarillas y guantes, mantener un metro de distancia prudencial, evitar contacto físico, confinarse en casa, etc.,… Nos previene de correr riesgos y nos permite contribuir en que el contagio cada vez se reduzca en cifras.

Pero… ¿qué pasa cuando este miedo, deja de ser nuestro aliado y pasa a ser nuestro enemigo?

Cuando nos obsesionamos con todas estas medidas, las ritualizamos y las convertimos en compulsiones, haciendo mil comprobaciones de todas ellas (lavado de manos compulsivo, ponerse el termómetro constantemente, etc., ), podemos cruzar esa fina línea y hacer que algo que debe ser para nuestro bienestar, comience a generarnos malestar.

Es normal que en el escenario en el que estamos, con un telón de fondo lleno de incertidumbre, nos sintamos más vulnerables ante la posibilidad de enfermar, otras veces ante el descuido de responsabilidades y posibles consecuencias, ante estar en contacto con gérmenes al tocar objetos o personas., etc.,…

En estos casos, es importante que reflexionemos sobre lo siguiente:

  1. Identifica tu dialogo interno: probablemente estará lleno de premisas imaginarias que comenzaran con un “ ¿y si?…”. Si aparece un “y si…”, o un “a ver si…” es porque no está pasado, por lo que, eres tú quien se está obsesionando y, de paso, muy probablemente, sugestionando. Prestar atención a ello, nos permitirá tener en cuenta, si estos miedos, son reales y funcionales, con lo que nos mantienen a salvo, o si son miedos disfuncionales que nos pueden llegar a bloquear incluso…
  1. Hay que evitar luchar en contra de estos pensamientos: este hecho hará que cobren fuerza. El truco está en no preocuparte por ellos,  si no en entenderlos. Para ello empieza preguntándote dónde está la amenaza… actualmente y principalmente, en la calle. Por lo que,  si nos comprometemos con el confinamiento y, cuando nos veamos obligados a salir a la calle, seguimos las medidas establecidas, la probabilidad de amenaza real, es mucho menor de la que interpretamos. 
  2. Cuestiona tu desazón: si la obsesión por repetir las medidas de higiene te causa mucho malestar pregúntate para qué te ayuda ese malestar. Verás que la respuesta es para nada y que, en muchos casos, incluso, interfiere en que puedas gestionar la situación de una manera saludable. Si es así, busca una interpretación más razonable a tu pensamiento. Te darás cuenta de que tu pensamiento es más sano cuando se reduce tu nivel de malestar.
  3. Si aun así, ves que la situación te supera, busca ayuda profesional: si tu obsesión conlleva importantes niveles de angustia, debes poner en marcha alguna acción para sobrellevar la situación. Todavía nos quedan días de incertidumbre y hemos de procurar tener herramientas para gestionarlos lo mejor posible. Somos muchos los/las profesionales de la salud mental que, en estos días, estamos ofreciendo la posibilidad de psicoterapia a través de sesiones virtuales.

En definitiva,  siempre es importante, pero con más razón en casos como el actual, cuidarnos tanto física como mentalmente… solo de este modo tendremos el tándem idóneo para evitar que el impacto de esta situación sea mayor del deseado.

 

 

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Maria Villalba. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.