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Desde que nacemos, estamos expuestos a cambios constantes en nuestra vida. Unas veces son voluntarios y otras veces nos vienen impuestos, a los que tenemos que irnos adaptando y aprender a como afrontarlos. 

Dada la situación del COVID-19, muchas personas se habrán visto afectadas, y se habrán visto obligadas a hacer cambios en sus planes, tales como aplazar su boda, anular un viaje importante, aplazar una operación o enfrentarse a un despido, entre otras situaciones. 

Evidentemente, a diferencia de los cambios voluntarios, los cuales se tienden a vivir mejor y a ver su parte positiva, estos cambios de planes impuestos por la situación del COVID-19 seguramente supondrá un contratiempo para algunos. 

En este sentido, las fases y emociones que podemos experimentar con estos cambios de planes, son muy parecidas a las fases del duelo que se experimentan tras una ruptura de pareja. 

  • En primer lugar, puede que experimentéis la fase de shock, dónde os sintáis desorientados y paralizados. En realidad es una etapa de corta duración que aísla del impacto psicológico. 
  • Posteriormente, pasaréis a la etapa de la pena, dónde os podréis sentir irritables, tristes, solos y con ganas de llorar. 
  • Generalmente, después sigue la fase de la adjudicación de la culpa, dónde hay la necesidad de encontrar sentido a lo que ha pasado e incluso de buscar un responsable. La emoción que caracteriza esta fase es la rabia. Puesto que la situación del COVID-19 no nos permitirá encontrar a un culpable, porque no deja de ser un virus, puede que juzguemos la mala gestión de la empresa, o bien del centro sanitario, o incluso que nos lamentemos de las propias decisiones, por ejemplo, si hubiera decidido hacer el viaje en setiembre en lugar de en Abril, esto no me hubiera pasado. 
  • Entonces, vendría la etapa del adiós, dónde pasaréis a aceptar la situación, aunque es un momento difícil puesto que solemos tener una sensación agridulce y de resignación. 
  • Por último, está la etapa de la reconstrucción, dónde podréis empezar a reconstruir de forma activa esos planes, ya sea posponiéndolos en caso del viaje o la boda, buscar alternativas o soluciones en el caso del despido. 

Por lo tanto, sabiendo estas fases que seguramente pasaremos, en menor o mayor medida, en función de lo relevante que sea el cambio, lo más importante para enfrentarse a él, es no resistirse. Puede generar mucho miedo, frustración, tristeza y rabia, pero generalmente es inevitable. 

Ante esta situación, debemos asumir que este cambio conllevará una pérdida. Esta puede ser algo material, algo económico o algo emocional. Sin embargo, es importante mantener una actitud flexible y optimista. 

Es importante remarcar también que, aceptar un cambio que nos ha venido impuesto no suele ocurrir de inmediato, por lo tanto, date tiempo para procesarlo, permítete sentir todas esas emociones negativas y  poco a poco ir aceptando la situación. Esta aceptación nos permitirá centrarnos en las soluciones y nuestros recursos de afrontamiento. 

Por la situación que estamos viviendo, también es esencial que vayas día a día, puesto que si planeas demasiado, puedes volverte a encontrar con más cambios. 

En estos momentos, también es imprescindible tener cierto apoyo de nuestros seres queridos. Esto nos ayudará a sentirnos mejor y a pasar todo este proceso más rápido y con mayor estabilidad emocional. 

Por último, me gustaría comentar que puede que alguno de vosotros os podáis sentir egoístas por estar sintiendo tristeza por cosas, aparentemente, no tan importantes en estos momentos como puede ser la salud de las personas ante el virus. Pero en realidad, tenéis derecho a sentir todas estas emociones, porque en el fondo cada uno vive su vida, tiene sus ilusiones y sus expectativas.

Crecerse ante las complicaciones de la vida os hará crecer y desarrollaros como personas, pues es el momento ideal para generar recursos nuevos y salir fortalecidos. 

 

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Ariadna Bonals. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.