Seleccionar página

 

Una buena comunicación es una de las bases más importantes en cualquier relación sana. Si hablamos del mundo de las relaciones de pareja, la comunicación adquiere una especial importancia ya que cuando esta falla, las personas que forman parte de la relación suelen entrar en un bucle de discusiones, reproches y malas dinámicas que pueden provocar el fin de la relación o convertir el vínculo amoroso en tóxico.

Los problemas en la comunicación son uno de los motivos de consulta más frecuentes en terapia de pareja. La buena noticia es que recuperar una comunicación sana y satisfactoria es posible, vamos a ver algunos de los errores más comunes que pueden estar provocando conflictos entre los miembros de una relación y maneras de empezar a corregirlos.

Comunicación del día a día y comunicación emocional.

Cuando el día a día absorbe y es estresante, cuando la rutina se ha instaurado en la pareja y cuando las personas que formas parte de esta ya se conocen bien, puede pasar que la comunicación se reduzca y se convierta (a veces casi exclusivamente) en una comunicación de gestión. Las conversaciones se basan en hablar de las tareas pendientes, en las gestiones que se han hecho o quedan por hacer, en lo que se va a cenar ese día etc. 

En cambio, se pierde el hábito de hablar de cómo nos sentimos en todos los aspectos de nuestra vida, hablar desde la emoción y desde la conexión con uno/a mismo/a, el compartir con el otro/a.

Recuperar el interés por saber del otro/a, interesarse sobre qué opina de ciertos temas, qué desea, sus proyectos personales, su visión del mundo y del futuro, por poner algunos ejemplos, hacen que la llama, la conexión y el interés permanezcan en la relación. Si os fijáis, este tipo de conversaciones son las que la mayoría de las parejas mantienen al inicio de la relación, ¿por qué perderlas?

Escuchar VS oír.

La buena comunicación empieza cuando somos capaces de escucharnos en vez de pelearnos por hablar. Podemos no escuchar lo que la otra persona dice por varios motivos: pensamos que ya sabemos lo que va a decir, creemos que lo que dirá no será interesante, puede que nos de miedo cómo nos va a afectar lo que va a expresar o (uno de los motivos más habituales) tenemos demasiada prisa por intervenir. Sea cuál sea la razón, el resultado final es que oímos, pero no escuchamos, no conectamos con la otra persona, no empatizamos y no hacemos un esfuerzo por entender. Puede pasar que mientras nuestra pareja habla estamos pensando en qué vamos a responder y en caso de pelea, en cómo vamos a contraatacar o a defendernos.

Establecer turnos de palabra, esperar a que el/la otro/a termine de hablar antes de intervenir, dar un feedback de lo que se nos ha dicho antes de responder, son prácticas habituales de una buena comunicación.

Buscar el momento adecuado.

No todo momento ni lugar es bueno para hablar de lo que sentimos, ya sea positivo o negativo. Es importante buscar un momento de tranquilidad, reservar un espacio diario para hablar y hacerlo en un entorno que facilite la buena predisposición a hacerlo. De esta manera eliminamos estímulos estresores y, además, reservamos un momento para dedicarlo exclusivamente a la pareja.

Refuerzo y lenguaje positivos.

Las palabras que elegimos para expresarnos son importantes, hay que pensar cuál es el mensaje que queremos transmitir y cómo hacerlo. Los palabras extremas como “nunca” o “siempre” no suelen ser amigas de la buena comunicación ya que radicalizan el mensaje y pueden resultar agresivas para las persona que las recibe. El hablar con un lenguaje positivo nos hace estar más tranquilos/as y también a nuestro/a interlocutor/a. Es mucho más eficaz solucionar una discrepancia o un tema en concreto dando refuerzo positivo que castigando, machacando o señalando los errores que ha cometido la otra persona, ya que estas ultimas dinámicas solo ponen a la otra persona en una postura de defensa o contraataque.

La importancia de lo que decimos…y lo que no decimos.

Igual de importante es lo que decimos que lo que no decimos. A menudo, nuestro lenguaje corporal habla por si solo y entra en contradicción con el lenguaje oral. Esto suele pasar cuando estamos ocultamos la realidad de nuestras emociones o lo hacemos de forma parcial. La otra persona no tiene porqué leernos la mente ni adivinar lo que nos pasa o nos deja de pasar si no se lo decimos. La franqueza bien entendida es uno de los puntos clave para conseguir una buena comunicación.

 

Si quieres saber más y conocernos sigue navegando por nuestra web

Naia Canler. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.