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El placer puede ser definido como una sensación o sentimiento positivo, agradable o eufórico, que en su forma natural se manifiesta cuando un individuo consciente satisface plenamente alguna necesidad: cuando nos damos una ducha y nos cae el agua por la espalda, cuando tenemos hambre y comemos algo que nos gusta,  y todos nuestros sentidos responden a ello…

El placer sexual es aquel placer que se siente o experimenta al estar excitado sexualmente. En éste participan diversas sensaciones de disfrute, goce o satisfacción que se experimentan en una relación sexual y que no solo deberían reducirse al acto coital, sino también las que se experimentan a través de sensaciones provistas por los cinco sentidos: visuales, olfativas, auditivas, táctiles y gustativas.

Con frecuencia, en las relaciones sexuales, se asocia el sentir más o menos placer en función de llegar o no al orgasmo. 

Estamos reduciendo algo que puede ser muy amplio, ya que todo el cuerpo es erógeno y reducir la visión del placer al orgasmo, nos limitará a que, si por algún motivo, no puedo tener un orgasmo… ¿ya no puedo sentir placer?

La obsesión por éste, para que salga a escena, hace que las relaciones no se vivan de manera relajada, distendida y precisamente, permitiendo que el placer esté presente de inicio a fin.

Si nos imaginamos mentalmente el placer sexual  como una estrella con diferentes vértices, el orgasmo, sería tan sólo uno de los indicadores de ese placer,  pero también podríamos añadir y disfrutar de esas palpitaciones, de cómo se eriza la piel, de cómo entramos en calor y sudamos, de cómo empezamos a lubricar, etc.,…

Al final, de lo que se trata es de tener una visión más amplia del placer, y eso sólo lo conseguiremos si  dejamos de preocuparnos por llegar o no llegar al orgasmo y nos ocupamos, sólo, de sentir.

Y para ello, puede que a veces, haga falta un entrenamiento basado en auto conocerse, principalmente, identificar cuál es nuestro propio mapa erótico, que inputs tenemos erotizados, buscar nuestra sensualidad, nuestra esencia, nuestro “yo” más salvaje y seductor… una vez identificado y descubierto, trabajar para querernos, amarnos, cuidar de nuestras necesidades, tratarnos bien, hablarnos bien… y ya después, al final y después de todo lo anterior, si queremos, ya entonces, nos compartimos.

Cuando el orden se invierte, y queremos sentir placer compartiéndonos, saltándonos las fases anteriores, es muy probable que hagamos esa reducción del placer a llegar o no al orgasmo… lo que lamentablemente, es más habitual de lo deseadO, pero no está todo perdido si es así. Cómo he comentado, podemos desaprender lo que nos limita y aprender lo que nos va a permitir disfrutar.

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María Villalba. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.