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Aprovechando que llega el frío, vamos a dar protagonismo a los besos, un medio que siempre que sea deseado y de nuestro agrado, puede subir la temperatura y darnos ese calor que tan bien sienta, en realidad, en cualquier momento del año.

El cine, la música, la publicidad, la literatura, la pintura… tantas y tantas artes hacen referencia al beso, a los besos, al arte de besar.

Y es que su poder es inmenso, imaginaros cuánto que en ocasiones fantaseamos con él cuando ni siquiera ha llegado, sin saber del todo cierto si llegará, pero ya sólo en nuestra imaginación es capaz de apoderarse de nuestro tiempo, de emocionarnos, de producirnos sensaciones varias, unas veces positivas, otras negativas, y todo esto sin ser todavía real.

Los besos se hacen sentir antes, durante y después, y en relación a lo que he dicho en las líneas anteriores, tienen la capacidad de situarnos tanto en el acercamiento con la otra persona, como en el desencuentro.

A nivel de pareja, un primer beso puede ser tan determinante que la complicidad o no que vaya a surgir puede adquirir el poder de decidir si habrá o no un segundo encuentro.

Es un primer contacto que definitivamente puede marcar el inicio o el final de una posible vinculación, ya que une… pero también separa… ya que calienta… pero también enfría…

Los hay largos, cortos, de cariño, con pasión, con deseo, de indiferencia, de compromiso, fraternales… tantas y tantas son sus variantes, pero el denominador común en todas ellas es el mismo, el gran poder emocional, para bien o para mal, que provoca sensaciones, que se queda en nuestra memoria, en nuestro recuerdo.

Cuando se perciben como agradables generan en nuestro organismo la liberación de hormonas como la dopamina, la serotonina y la oxitocina, todas ellas asociadas a sensaciones de bienestar, placer y felicidad.

Y este no es el único beneficio, sino que además, estudios científicos han descubierto que los besos también aumentan nuestras defensas.

En un terreno más íntimo, son los perfectos invitados, los que no pueden faltar, el interruptor que puede dar al ON de la excitación, al PLAY del encuentro erótico y también al OFF.

Sea como sea, está clara la importancia y el poder que pueden llegar a tener, así que yo os animo a que siempre que sea percibido como algo positivo, os beséis y os volváis a besar. A que revaloricemos todavía más su valor, que como veis.. ¡¡¡no es poco!!!

¡¡¡Seamos todos artistas de este bonito arte!!!

 

 

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Maria Villalba. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.