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Al plantearme escribir este artículo, lo primero que me vino a la mente es lo delicado y sensible que es este tema, pero al mismo tiempo una voz interior me dijo que debía escribir sobre ello, hacerlo visible. Nuestra sociedad, en general, evita tratar aquellos temas que pueden generar controversia y malestar y pensé que para cambiar el mundo debemos empezar desde el ”yo”, así que aquí me tenéis, escribiendo sobre cómo vivir el confinamiento con tu propio abusador (escribo en masculino porque la mayoría son hombres, pero, por supuesto, hay abusadoras y debemos tenerlo presente). 

Este estado de alarma global debido a la pandemia del coronavirus ha puesto a muchas personas en estados de vulnerabilidad, tanto económica, psicológica, física, etc., siendo víctimas ocultas e invisibles a causa del confinamiento y recibiendo el mensaje de “quédate en casa”. 

Para muchas personas, casa no es reflejo de su lugar de protección, no es su refugio, no lo pueden llamar hogar, esa palabra a la que tendemos a asociar con conceptos como tranquilidad, seguridad, protección, comodidad, bienestar, etc. 

Este asilamiento obligatorio ha hecho saltar la alarma respecto a los abusos sexuales, los datos indican que la enorme mayoría suceden en casa, en el ámbito privado, y son llevados a cabo por familiares, sobretodo se dan en manos de padres y padrastros.  

La mayoría de las estadísticas realizadas sobre los abusos, indican que aproximadamente el 80% de los abusos se desarrollan en el domicilio de la víctima, en casa del abusador o de algún familiar cercano. Y, aproximadamente en el 75% de los casos, los agresores son familiares, 9 de cada 10 son hombres. 

Además, otro dato relevante es la tendencia a ocultar el delito, el abusador busca el aislamiento y ésta es la característica principal de este confinamiento. La víctima tiende a pedir ayuda en la escuela, en su entorno social o son los propios profesores, educadores, amigos, etc. los que detectan el abuso e informan (ahora estas vías de auxilio están bloqueadas). 

Otro factor añadido que no ayuda es que el maltrato acostumbra a ser ruidoso, cuando hay un maltrato aparece mayoritariamente la violencia y se hace escuchar, en cambio, el abuso es silencioso, no se escucha, no hay signos fáciles de identificar y, por tanto, el apoyo de la comunidad como puede ocurrir en los casos de violencia como salvavidas se complica.

Debido a todos los puntos expuestos es fundamental dar recursos a los que se pueda recurrir des de entro, des del propio domicilio. Por ejemplo, anuncios de televisión que sirvan para concienciar, números de teléfono para pedir ayuda, etc. Se estima que el confinamiento está incrementando los abusos más de un 60%. Todo recurso que pueda servir para que la víctima tome conciencia que lo que está viviendo no es normal y no debe permitirlo será un gran paso para que pueda pedir ayuda. En la mayoría de los casos a nivel psicológico lo primero que hace el abusador es normalizar lo que está sucediendo, hace sentir al abusado que es un juego, que todo está bien, que no hay nada de lo que alarmarse, y en otros casos llega a hacer sentir a la víctima como la responsable, que es ella quién lo provoca, que se lo merece, anulando así toda posibilidad de defensa y de auxilio. 

En este contexto, la BBC pudo conversar con una chica (Kai) de Estados Unidos que se encuentra en cuarentena con su padre, quién expone que abusó de ella en el pasado, durante años tanto física como sexualmente. Cuenta que escucha cómo su padre ve pornografía por las noches, no consigue dormir demasiado, no se siente segura porque su habitación no tiene cerrojo. Intenta pasarse el día distraída en el mundo online y deseando que este brote de coronavirus pase pronto y pueda encontrar un lugar donde vivir o regresar con su madre. 

Ante este ejemplo, como muchos otros, debemos concienciarnos y estar alerta de la posible situación que pueden estar viviendo nuestros vecinos (siempre con prudencia) para así poder ser un posible apoyo. Este confinamiento debe servirnos para reflexionar sobre cómo nos apoyamos como sociedad, sobre qué conocimiento y ayuda proporcionamos a nuestros vecinos, sobre cómo contribuir en la salud de los demás quedándonos en casa. Por tanto, no olvides que quizás prestando un poco de atención puedes ser un salvavidas para alguien de tu entorno. 

Si por el contra, estás leyendo estas líneas y te sientes identificado, sientes que están abusando de ti, no dudes, pide ayuda, no eres culpable, no te mereces lo que te está pasando, nadie tiene derecho a tratarte de un modo que te genere malestar. Hay una red de apoyo para ayudarte, no olvides que no estás solo. 

   

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Núria Jorba. Directora del centro, sexóloga clínica y terapeuta de parejas.