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Cuando una pareja se plantea acudir a terapia de pareja son muchas las dudas que surgen sobre esta práctica terapéutica, muchas de ellas inducidas por diversos mitos que, en ocasiones, pueden hacer que no se dé el paso definitivo de acudir a una primera visita e implicarse en el proceso de mejora de la relación de pareja.

Estas ideas populares se encuentran lejos de la realidad, las estadísticas nos dicen que tres de cada cuatro parejas mejoran su relación gracias a este tipo de terapia y estas mejoras se mantienen en el tiempo gracias a las reflexiones y herramientas adquiridas durante el proceso terapéutico. Vamos a descubrir y desmentir tres grandes ideas populares que existen entorno a la terapia de pareja.

Hay que estar realmente mal para acudir a terapia de pareja. Muchas personas creen que la terapia de pareja es la última baza o recurso disponible antes de la separación. Es por este motivo que muchas de las parejas que llegan a consulta lo hacen con unas dinámicas de pareja y una relación ya muy dañadas, lo que dificulta el obtener resultados de mejora de manera más inmediata. La terapia de pareja, evidentemente, sirve para ayudar a reconstruir y reparar relaciones que se han vuelto disfuncionales, pero también para mejorar las relaciones de pareja cuando aún están sanas. Cuando en un determinado momento las personas que forman la relación de pareja no pueden resolver sus conflictos de forma satisfactoria, notan que están discutiendo más a menudo o se empiezan a sentir distantes entre ellos/as, por poner algunos ejemplos, es un buen momento para pedir ayuda y apoyo antes de que el malestar en la relación se convierta en un habitual.

Una tercera persona nos dirá quién tiene razón. Otro de los miedos que pueden aparecer al plantearse una terapia de pareja es que la terapeuta actuará como juez en las discusiones de la pareja, dictaminando cuál de las partes tiene razón. El papel de la terapeuta es ser una aliada de la relación, detectar dinámicas que la pueden estar perjudicando y dar herramientas a la pareja que les ayuden a volver a sentirse bien para construir una relación sana. En ningún caso se toma parte en los conflictos y discusiones de pareja.

La terapeuta de parejas nos resolverá nuestros problemas. Todo proceso terapéutico conlleva que las personas implicadas en la terapia se hagan responsables de su mejora. La terapeuta de parejas no resuelve problemas, potencia dinámicas de cambio y mejora en la relación, señala puntos que quizás no se estaban contemplando y cuestiona y reflexiona sobre temas que afectan a la relación. La pareja que acude a terapia es la que marca la dirección y el ritmo del proceso terapéutico.

Una vez desmentidos y aclarados estos mitos, si tienes dudas acerca de si una terapia de pareja puede ser para ti, algunos de los temas más comunes que se abordan dentro de este tipo de terapia son:

  • Falta de comunicación (desacuerdos, mala gestión de los problemas o dificultades de toma de decisiones conjuntas).
  • Mala convivencia (dificultades en la repartición de responsabilidades o gestión del espacio de pareja e individual).
  • Distanciamiento en la pareja (falta de complicidad o falta de “chispa”).
  • Mejora de la sexualidad.
  • Problemas con la familia política (intromisión de terceros en el espacio familiar nuclear).
  • Incompatibilidad para dar espacio a las necesidades de ambos.
  • Infidelidades

 

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Naia Canler. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.