Seleccionar página

Cada vez es más difícil conseguir una estabilidad en muchos de los ámbitos necesarios para llegar al punto de poder plantearse tener un hijo. Todos sabemos que cada vez se termina más tarde la formación profesional y la posibilidad de llegar a un buen cargo laboral, eso conlleva la dificultad de la estabilidad económica y aquí le añadimos la fluidez e inestabilidad actual a la hora de tener pareja, lo que supone un gran hándicap a la hora de plantearse tener hijos (tendencia a llevar poco tiempo de relación). 

Las mujeres tienen muchas luchas internas respecto a este tema, lo primero que deben decidir es si quieren ser madres o no, en segundo lugar, conseguir que su vida tenga esa mínima estabilidad para poder llevarlo a cabo (y aquí hay factores que no dependen de ellas como por ejemplo el tener una buena relación de pareja o no). Después, plantearse cuándo es el momento para centrarse en la maternidad e inevitablemente dejar en segundo lugar el proyecto laboral (la sociedad sigue sin estar preparada ni ofrece recursos para que las madres puedan realizar su papel de mamás y su papel como trabajadoras de éxito, realizándose en ambos ámbitos). 

Todas estas presiones empiezan a pesar a partir de los 30 años cuando los ginecólogos, médicos, el entorno social, etc. te traslada la idea de que “se te está pasando el arroz”. En ese momento la mujer tiene una ardua tarea de ordenar todos sus pensamientos, las presiones externas y escuchar sus necesidades. 

Si te encuentras en esta situación el primer paso es plantearte si quieres ser o no ser madre y saber conectar con tu interior porque esta pregunta en ocasiones te hace dudar mucho al no saber ya si quieres serlo por ti, porque te apetece este proyecto o porque te han inculcado socialmente de que si no lo eres nunca llegarás a ser una mujer completa y realizada y te arrepentirás cuando seas mayor (esta idea sigue estando presente). 

Una vez consigas decidir des del yo qué quieres, toca plantearse de qué manera lo quiero ser. Hay mujeres que les encaja la idea de ser madres siempre que se imaginen con una pareja, pero si se lo plantean a solas no lo quieren, en cambio hay otras mujeres que tienen claro que ese objetivo lo quieren cumplir, sea acompañadas o formando una familia monoparental. 

Y en tercer lugar toca reflexionar sobre qué situación de vida tienes porque eso va a condicionar la oportunidad de llevarlo a cabo o no. Aquí hay que aprender a lidiar con lo que depende de una misma y lo que no y hacer un proceso de aceptación, no de resignación. Ni tampoco forzar situaciones para que eso ocurra, normalmente el ejemplo más común es buscar una pareja para que sea el padre o la otra madre de tus hijos, pero esto nunca funciona, quizás al principio la ilusión lo tapa todo, pero con el paso de los días y meses aparece la carencia del vínculo de pareja (no se debe olvidar que los hijos acaban haciendo su vida y con quién te quedas es con la pareja).

Si, en cambio, estás leyendo este artículo, pero no es tu caso, lo que debes plantearte es cómo quizás, sin darte cuenta puedes condicionar a que una mujer de tu entorno sienta la presión social de la maternidad y lo viva con malestar. Piensa si das por sentado que todas las mujeres quieren ser madres, si haces comentarios al ver mujeres de edades de 30 y pico con la idea de trasfondo de “se te pasa el tiempo”, etc. 

Entre todos debemos seguir trabajando en las ideas sociales impuestas, en las presiones que generamos a los demás en ciertas ocasiones sin darnos cuenta y en permitir que cada persona elija su camino y decida, dentro de lo que depende de ella, cómo quiere vivir. 

 

 

Si quieres saber más y conocernos sigue navegando por nuestra web.

Núria Jorba. Directora del centro, sexóloga clínica y terapeuta de parejas.