La ansiosexualidad cada vez es más común, en consulta a medida que pasan los años veo un aumento de este malestar. Estoy hablando de cuando sexo y ansiedad van de la mano. Principalmente veo dos grupos distintos, el primero es el que al imaginar tener un encuentro sexual sufre ansiedad anticipatoria, sea porque ha tenido una mala experiencia antes que le hace imaginar que va a ocurrir lo mismo o porque tiene inseguridades y eso lo traslada a la experiencia sexual. El segundo grupo es las personas que no consiguen apartar la ansiedad y el estrés del día a día para poder tener un encuentro íntimo, es decir, la carga emocional diaria les bloquea cualquier tipo de encuentro sexual, necesitan un momento relajado, sin tensión y con buen ambiente para conectar con el deseo y así poderse dejar llevar. 

Ambas situaciones provocan mucho malestar porque generan angustia sexual, la mayoría es consciente de lo que le ocurre, pero no saben cómo salir del bucle y de la situación. 

Si me centro en los casos que previamente han sufrido una situación de disfunción sexual, es decir, han tenido pérdida de erección, dolor, dificultad orgásmica, etc. Hace falta trabajar la vivencia, dar herramientas para superar la disfunción e ir haciendo aproximaciones progresivas a la vivencia sexual desde la comodidad y el bienestar. En cambio, en los casos en los que no ha habido una experiencia previa que genere la ansiedad, pero la sufren normalmente hay que trabajar la parte de la autoestima, de la seguridad personal, del aprender a no exigirse, gestionar la necesidad de aprobación de los demás, etc. Por tanto, estaríamos hablando del fortalecer el yo. 

En cambio, el segundo grupo que no puede dejarse llevar ni conectar con el deseo debido al estrés y presión diaria, lo más importante es analizar y gestionar cómo la persona vive su día a día, la gestión que hace de las exigencias, de la rutina y el estrés. Normalmente son personas que están desconectadas de su cuerpo, que están centradas en la exigencia y la productividad y siempre están en la mente y el razonamiento, bloqueando las sensaciones, por tanto, trabajaremos el aprender a relajarse, el descontrolar, el bajar exigencias, el conectar con el cuerpo, etc. 

Es importante que, si sientes que te identificas con alguno de los puntos que he comentado, busques ayuda para trabajarlo. La ansiedad nunca disminuye por sí sola, al contrario, se va retroalimentando y como más intentes relajarte y disfrutar más ansioso te pondrás. Además, como más experiencias ansiosas vivas, la mente más fuerte hará la asociación entre sexo y ansiedad y más difícil será romper el vínculo creado. A veces pensamos que sólo nos ocurre a nosotros cuando no es así o creemos que será muy difícil y tedioso trabajarlo y tampoco tiende a serlo. Si lo dejas de lado también puede acabar afectando a varias áreas de tu vida, sea a la pareja si la tienes, sea al estado anímico, al día a día al tener pensamientos recurrentes sobre el tema, a aislarte de la vivencia sexual e inhibir esa faceta tuya generando inseguridad y poca intimidad en los vínculos, etc.  

Por tanto, te animo a que acudas a un psicólogo especializado en sexualidad que te pueda ofrecer herramientas, pautas y apoyo para salir del bucle ansioso y empezar a vivir la sexualidad desde el placer y la fluidez.

 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)