El sexo, la sexualidad, las relaciones sexuales deberían estar siempre asociadas con el placer, el disfrute, el clímax, pero muchas veces no es así, en ocasiones sexo es igual a dolor. Si esto ocurre lo que conlleva es la pérdida del deseo y puede llegarse a generar una aversión al sexo.

La mayor parte de los casos que lo sufren son las mujeres, pero también hay hombres que lo padecen. 

El primer paso es evitar perpetuar la dinámica, es decir, si hay dolor durante las relaciones íntimas debes romper el patrón, por tanto, dejar de tener aquella práctica que te produzca el dolor. Mayormente es la penetración, pero en algunos casos también puede ser la estimulación de los genitales. 

Para poder dejar de sufrir el dolor se debe dejar de normalizar, siempre se ha dicho, sobre todo a las mujeres, que las primeras veces duele, que es lo normal y, por tanto, el dolor se vive como una parte más de la sexualidad cuando no debe ser así. Sexo nunca debe ir asociado a dolor (siempre que no sea deseable claro). Así que primero es introducirte la idea de que sexo no va unido a dolor. 

El siguiente punto es poderlo comunicar a tu pareja si la tienes, porque si no se habla la otra parte no lo sabe y, por ende, pueden ocurrir dos cosas, que mantengas relaciones sin ganas y porque “toca” o que las evites con excusas afectando así la relación de pareja. De ambos modos habrá consecuencias negativas en la relación, en el primer caso tu pareja identificará una falta de deseo, una actitud poco sexual en el encuentro íntimo y quizás empiece a dudar de si te atrae o te gusta. Y en el segundo caso afectará tanto en la sexualidad como en la pareja porque tu pareja no entenderá el motivo del rechazo constante. 

Si no hay pareja a quién comunicarlo, lo importante es escucharte a ti misma y no evitar el malestar o quitarle importancia. Porque si coges esta actitud no lo resolverás y a corto-medio plazo la problemática crecerá, sea evitando la sexualidad o perpetuando el dolor. 

Una vez le hayas dado la relevancia que tiene y lo hayas puesto sobre la mesa, toca entender el por qué hay dolor. Siempre hay un motivo y hay que encontrarlo. Por ende, toca acudir a los profesionales pertinentes. El primero es el ginecólogo, es el que se dedica a eliminar cualquier posible causa orgánica, si todo está bien, no hay ningún traumatismo ni infección será importante acudir al siguiente especialista, el fisiosexólogo. Este profesional aún es poco conocido, pero tiene gran relevancia, analiza la parte fisiológica de la sexualidad pudiendo resolver problemáticas asociadas, si hacemos un símil, sería como ir primero al traumatólogo para valorar que todo está bien y luego acudir al fisioterapeuta. Y, por último, si aún no está resuelto se trata de pedir cita con el sexólogo, para valorar la parte psicológica si es ésta la causante. 

Puede haber gran variedad de causas que provoquen dolor, además, hay muchos dolores distintos, quemazón, ardor, picores, tirantez, etc. Pero mayoritariamente hay solución y ésta tiende a ser más simple y fácil de lo que se imagina. Las causas pueden ser corporales o psicológicas, dentro de mi terreno que es el campo de la mente te podría hablar que puede haber experiencias pasadas que hayan generado ese dolor, falta de deseo y, por ende, afectación de la excitación y la lubricación, problemas en la relación que afectan al encuentro sexual, etc. 

 Y, si hay pareja, la actitud de ésta también es muy influyente y tiene una gran relevancia, hay parejas que no llegan a empatizar y en vez de ser un apoyo generan presión y más malestar a la persona que está sufriendo el dolor. Hay que hacer equipo, aunque cueste en ocasiones, hay que tener presente que el encuentro sexual siempre tiene que ser placentero para ambos.

 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)