Seleccionar página

La vida es un constante cambio.  Por más que las personas elaboremos planes, hay un espontaneidad en el transcurso de las cosas, que se escapa de toda planificación, y eso, no todas las personas lo gestionan bien.

En consulta, con frecuencia vemos personas que, al margen de la situación que les ocupe, repiten la frase de “no me gustan los cambios”, o “no llevo bien los cambios”, o incluso, “me dan miedo, me asustan los cambios”

Y eso, en una sociedad en constante movimiento, llena de situaciones nuevas,  puede suponer una dificultad importante si no aprendemos a gestionarlo.

Y si queremos rizar más el rizo, cuando esos cambios suponen pérdidas importantes, aun se complica más la cosa.

¿Cómo podemos, entonces, mejorar ese periodo de adaptación a la nueva situación?

No hay trucos infalibles, ni estrategias que, de un día para otro, nos sitúen en una total asimilación de ese nuevo escenario, pero, sí que es cierto que existen ciertas pautas que nos pueden facilitar esa transición, o al menos, minimizar el impacto en nuestro bienestar durante el transcurso de adaptación.

  • Identifica de manera concreta ese nuevo escenario al que tienes que enfrentarte actualmente, con sus pérdidas pero también sus ganancias. Aunque de buenas a primeras, parezca que sólo hay pérdidas, hasta en el sufrimiento más profundo, pueden haber aprendizajes y aspectos positivos.            
  • Elabora una lista de todas aquellas situaciones de adaptación por las que has pasado a lo largo de tu vida. Probablemente, muchas de ellas, están ya en el recuerdo, sin dañarte, y ahora eres capaz de ver que fueron sólo un periodo para aclimatarte a lo nuevo, aunque en el momento en el que las vivieras, parecía que iban a ser eternas.                                                                                                                                                                                            
  • Utiliza tu experiencia pasada en tu propio beneficio para afrontar el cambio actual. Elige una de las situaciones de esa lista, la que tu quieras, de la que más orgulloso/a estés de como la gestionases, o la que consideres más importante, o que te trajo mayores aprendizajes… utiliza el criterio que prefieras, te recomiendo que, a ser posible, sea alguna situación comparable de un modo u otro, con la que te ocupe actualmente.

Una vez la tengas, haz el siguiente ejercicio, que tendrás que repetir con la situación actual nueva.

  • Situación nueva: circunstancia a la que tuviste que adaptarte en su momento, por un lado, y el cambio al que tienes que enfrentarte actualmente por el otro (cambio de trabajo, de ciudad, aparición de una enfermedad, nacimiento de un hijo, muerte de alguien querido, cierre de un negocio, etc.,…).
  • Recursos de ayuda: con qué personas, acciones o habilidades propias contaste en la situación antigua que puedan servirte en la actual facilitando así tu adaptación a la nueva situación.
  • Aprendizaje obtenido: qué aprendizaje o moraleja guardas de esa situación del pasado, y qué piensas que te puede enseñar o te está enseñando el cambio actual.                                                                                                                                                                                                                                                  

Tomar un tiempo de reflexión en estos aspectos, van a permitir que aunque no deje de resultarnos difícil afrontar ese cambio, lo normalicemos como parte de esos procesos vitales que todas las personas, incluidos nosotros mismos en otros momentos vitales, podemos y tenemos que enfrentarnos y, sin duda, sacar aprendizajes de ello y crecer en recursos adaptativos.

Si quieres saber más y conocernos sigue navegando por nuestra web

Maria Villalba. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.