Cada vez se habla más del empoderamiento sexual, de saber lo que a uno le gusta en el terreno del placer, a pedirlo y a decirlo sin tapujos y sin miedos, pero ¿cómo se consigue? ¿cómo se llega a ese punto?

Es un tema muy recurrente en mi consulta, el miedo a decir lo que a uno le gusta, a poder hablar de sexo, el tener vergüenza, el priorizar los deseos del otro. Muchas veces esto lo relacionamos con la sexualidad femenina, pensamos que va más acorde con las mujeres, pero no es así. Tanto hombres como mujeres sufren este bloqueo y malestar, en ocasiones he escuchado situaciones extremas como el miedo a decir a tu pareja que no te gusta como te besa llevando 8 años de relación. 

Es imposible que todo lo que nos hagan nos guste, que nos acoplemos perfectamente con la pareja a nivel íntimo, por ende, si es posible, lo mejor es empezar a comunicarnos desde un inicio, generar una dinámica positiva en el terreno de la comunicación sexual. Es fundamental poder tener naturalidad y comodidad en ese espacio para conectar y disfrutar, pero debemos tener claro cuándo decir las cosas y cómo. La asertividad en el sexo es básica para evitar malos entendidos y hacer daño emocional, es un aspecto muy delicado. Durante los encuentros podemos hacer peticiones concretas, guiar la estimulación y decir no si algo no nos gusta, pero si hay que profundizar más es mejor hacerlo en un momento relajado y con tiempo para exponer lo necesario. 

¿Cómo se llega a expresar y pedir en el sexo?

El primer paso es saber lo que nos gusta y lo que no, si uno mismo tiene dudas sobre lo que siente o se cuestiona sus gustos o sensaciones es imposible posicionarse con seguridad ante el otro. Por tanto, hay que explorar la propia sexualidad. 

El segundo punto es tener autoestima y sentirse bien con uno mismo. Si hay inseguridad, ésta va a provocar un bloqueo en la expresión de las necesidades. Primero hay que sentir seguridad personal para poder empoderarse y exponer lo que uno desea sin miedo. 

El siguiente paso es identificar el momento idóneo y el modo de transmitirlo, no sólo debemos pensar en lo nuestro sino también empatizar y valorar cómo exponerlo sin hacer daño a la otra persona ni atacar sus sentimientos. Por supuesto no podemos controlar el cómo lo va a vivir y se lo va a tomar el otro, pero sí debemos gestionar la parte que depende de uno mismo. 

Y el último punto es valorar si la otra persona acoge nuestras necesidades, si hay una actitud positiva y cómo luego eso se traslada a la intimidad. Puede ocurrir que la experiencia sea positiva, haya un acuerdo y se vayan dando cambios en la sexualidad que generen un mejor acoplamiento o puede ser que la otra persona genere un bloqueo y un rechazo. Si esto ocurre lo mejor será primero entender el motivo y valorar cuál es el mejor camino para gestionarlo.

 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)