Estamos en la sociedad de la producción, nos han inculcado que si no estamos activos y no producimos o hacemos cosas es que no somos útiles ni válidos y estamos “perdiendo el tiempo”. Si esta idea la aplicamos no solo en el trabajo sino también en nuestra vida conlleva algunas consecuencias que no son demasiado positivas, tanto a nivel personal como a nivel de relación de pareja. 

Lo primero que veo constantemente en terapia es que muchos pacientes no saben conectar con sus propias emociones, están siempre en la parte racional, el pensamiento y la mente, pero el cuerpo y la parte sensorial y emocional está totalmente bloqueada. Esto para el bienestar con uno mismo ya no es demasiado positivo, pero inevitablemente nos condicionará a nivel de pareja porque no mostraremos emociones, no dejaremos fluir el cómo nos sentimos y, por ende, la conexión y la complicidad se verá coartada. Esto ocurre cuando siempre estamos con el chip hacer cosas, ocupar el día, pensar en actividades, etc. Aprender a parar es fundamental, hay que cambiar la idea de que el concepto parar significa perder el tiempo o no hacer nada, yo siempre digo que es hacer mucho, sea descansar, ordenar la mente, escuchar al cuerpo y saberse equilibrar uno mismo. Al principio quizás no le ves demasiada utilidad, es como ir al gimnasio, que al inicio sientes que no hay resultados, pero si eres constante, al cabo de un tiempo empiezas a ver los beneficios. 

Además, cuando el ritmo personal de cada uno es más lógico y no a tres mil revoluciones también permite pensar en ideas, detalles, momentos para tener en pareja, fomenta que podamos cuidar más la relación con alguna sorpresa, con algún detallito y demostrar de este modo los sentimientos al otro y/o generar momentos románticos. 

Si siempre vamos corriendo nos saltamos muchos momentos, quizás nuestra pareja llega a casa y en vez de poderla recibir con un abrazo y un hola ya estamos diciéndole lo que hay que hacer y hablando de todas las tareas pendientes o de los niños. Los pequeños detalles a veces son los importantes y los que nos permiten mantener ese feeling y esa conexión en pareja. 

Una vez este aspecto lo dominemos lo tendremos que trasladar a la relación, es decir, aprender a estar con la pareja sin tener que hacer nada en concreto, me refiero a poder estar echados en la cama, a desayunar con tranquilidad, a dar un paseo sin objetivo, a ducharse relajadamente o a echar una siesta juntos sin alarma ni planes después. Estos espacios son fundamentales para que la intimidad fluya y, consecuentemente, puedan aparecer momentos más sexuales. Si no hay un espacio de relajación y descanso la conexión íntima cada vez estará más limitada y reducida, afectando a la complicidad de la pareja y a la sexualidad. Veo a muchos pacientes que se quejan de que no tienen sexo pero cuando ahondamos en la complicidad, en los momentos de intimidad, de tranquilidad nos damos cuenta que son muy escasos o casi nulos. 

Por supuesto comentando todo esto estoy dando por hecho que el resto de aspectos de la pareja funcionan, es decir, que no hay problemas en las bases de la pareja que puedan estar interfiriendo. 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)