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¿Es posible amar a dos personas a la vez?

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Es una pregunta muy recurrente que se plantea tanto en el ámbito social como en el científico. La investigación clínica tiene curiosidad para saber cómo funcionan nuestros sentimientos. Si lo analizamos des del punto de vista moral es un planteamiento que mayoritariamente ha sido sancionado.

Se oyen bastantes casos, tanto quizás de personas cercanas como a través de comentarios de conocidos que una persona está manteniendo una relación seria y de repente conoce a otra con la que genera una intimidad y ahí empieza su dilema. O quizás una persona soltera que está conociendo a posibles amantes y en un momento determinado se encuentra entre dos relaciones, sin saber qué camino tomar.

No me voy a centrar en si a nivel ético es o no aceptable, ni a plantear todos los posibles cuestionamientos, simplemente me voy a dedicar a exponer qué es lo que ocurre y qué podemos hacer.

En consulta llegan gran cantidad de este tipo de casos: “Quiero a las dos personas, no sé qué hacer, no puedo perder a ninguno/a de los/las dos”. Estos casos sufren un profundo conflicto, tanto si ambas personas de las que se está enamorando están al corriente de la situación, ya que tienden a generar presión por la elección, como aquellos casos en los que se mantiene un engaño, generando mucha ansiedad y malestar.

Hay muchísimas situaciones particulares, pero normalmente cada una de esas dos personas de las que se está enamorado se sitúa en una fase distinta del vínculo de pareja, ofreciendo aspectos complementarios. Por ejemplo, una parte ofrece pasión y el otro compromiso, un miembro provoca intensidad emocional y la otra seguridad. A nivel bioquímico con la primera persona se segrega dopamina y adrenalina (enamoramiento) y con la segunda oxcitocina (apego). Por tanto, cada persona ofrece y cubre una necesidad distinta que se complementan entre sí.

Por supuesto, llegado a este punto podríamos empezar a hablar de las concepciones tradicionales del amor como la monogamia junto con la variedad de posibilidades actuales como las relaciones abiertas, el poliamor, etc. pero esto daría para otro extenso artículo.

 

Pero entonces, ¿qué podemos hacer?

El primer punto es reflexionar sobre qué idea de amor tenemos y qué exigencias le imponemos ya que en muchos casos lo queremos “todo” sin aceptar que una relación amorosa madura inevitablemente conlleva límites.

En segundo lugar, debemos trabajar nuestro yo, saber estar solos, cuidar de nuestro bienestar, etc. evitando la posibilidad de que estemos ante un caso de dependencia emocional.

Y si aun así la situación amorosa se vuelve conflictiva generando ansiedad y sin saber cómo salir de ella, lo mejor es acudir a un psicólogo especialista que ayudará a ver nuevas perspectivas y ofrecerá nuevas herramientas para resolver el malestar.

 

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