Generalmente, en la fase inicial de una relación, ya existe suficientemente pasión, deseo y erotismo, y no nos preocupamos en cultivar esa parte de la pareja, porque parece funcionar sola en base a la revolución hormonal. 

Sin embargo, estos componentes tan claves para que funcione la sexualidad y la compenetración en la pareja, muchas veces se van apagando y se vuelven aspectos más neutros, llegando a desaparecer en algunos casos. 

Cuando una pareja empieza a percibir dificultades o que la sexualidad no fluye por si sola, es cuando debemos parar y reflexionar sobre que aspectos debemos cambiar para recuperar parte de esa pasión y deseo iniciales. 

El primer paso, antes de recuperar el deseo y la intimidad en la pareja, debe ser prestar atención a si existen algunos factores que estén bloqueando la sexualidad positiva, como por ejemplo, problemas personales, problemas de pareja, dinámicas negativas o experiencias eróticas negativas. 

Si es este el caso, primero de todo deberíamos resolver estos aspectos que están influyendo de forma negativa en la pareja, y en consecuencia en la sexualidad. 

Si en cambio, todo está bien o ya se han trabajado estos aspectos, y sentimos que hay poca conexión de pareja o un bajo deseo, deberíamos plantear cambiar ciertas dinámicas y potenciar una sexualidad placentera. 

Algunos errores que cometemos en este sentido es, o bien forzar las relaciones sexuales que acaba derivando en la sensación de obligación o tarea. O bien, esperarnos con la intención de ver si el tiempo pone las cosas en su sitio, cosa que acaba generando una desconexión con nuestra pareja, pérdida del vínculo íntimo y el no priorizar la sexualidad como un componente relevante en la relación. 

Otro de los errores más comunes es el de confundir sexualidad con espontaneidad e improvisación. Si que es cierto, que hay algunas de nuestras relaciones que son espontaneas, sobre todo al principio, y que deberíamos intentar mantener parte de esa espontaneidad. Sin embargo, la sexualidad, igual que otros aspectos de una relación, necesitan ser cuidados y atendidos debidamente. 

Si pensamos en cuando éramos adolescentes y vivíamos con nuestros padres, nos daremos cuenta que la mayoría de encuentros sexuales estaban planificados. Cuando sabias que tus padres se iban al cine 2 horas, le proponías a tu pareja venir a tu casa, te preparabas para el encuentro con tu mejor ropa, te dabas una ducha y lo tenías todo listo por si “surgía” una relación íntima. Pero en el fondo, esta relación estaba muy planificada y era todo lo contrario a la espontaneidad. 

El deseo sexual y la intimidad en pareja hay que cultivarlos. Por este motivo, es importante empezar a crear ciertos espacios para poder potenciar la intimidad en pareja y poder dar lugar a un momento de sexualidad. 

Debemos pensar en que cosas o momentos nos hacen sentir intimidad en la pareja. Si somos padres, pensar en como podemos adaptar nuestras rutinas para poder incluir espacios de intimidad y erotismo. Algunos espacios íntimos pueden ser una ducha erótica juntos, un masaje erótico, el estar desnudos en la cama, un momento de miradas cómplices, etc. 

¿Cómo pretendemos que dentro de nuestras rutinas estresantes, si no dedicamos un espacio de tranquilidad e intimidad, surja un momento de sexualidad? 

¿Por qué si le dedicamos espacios a las tareas del hogar o a las rutinas de deporte, no podemos hacer lo mismo con la sexualidad? 

El primer paso que debemos dar con todo esto, es dedicarnos un espacio de comunicación con el otro, para poder expresar sensaciones, preferencias, peticiones e ideas. 

Después, debemos tener claro que ambos miembros de la pareja son responsables de generar y crear estos espacios de intimidad y el deseo.

El deseo también se puede generar aunque se haya ido apagando, tanto en nosotros mismos como en nuestra pareja. 

Para generar deseo, es importante en primer lugar, sentirnos cómodos con nuestro cuerpo, nuestra apariencia y nuestra actitud seductora. Quizás debemos retomar hábitos saludables, quizás debemos renovar nuestra ropa interior para que sea más “sexy”, también podemos trabajar en nuestras actitudes seductoras. 

Es imprescindible generar situaciones nuevas para generar deseo. Pon en marcha tu imaginación, piensa en situaciones y encuentros que estimulen tu deseo y compártelo con tu pareja. 

También es importante intentar salir de rutinas y prácticas monótonas para aumentar la motivación. Así como trabajar en las emociones y aventuras para generar deseo, ya que no tienen nada que ver con el apego y la seguridad.

¿Por qué esperar siempre a que surja este momento solo? ¿Por qué no generarlo nosotros mismos?

 

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