La velocidad es relativa. Lo que para unos es rápido, para otros es lento. 

Y esto, se ve reflejado en muchas situaciones, entre éstas, las relaciones de pareja.

Inmediatez. Este término, o más bien, la vivencia de ello como necesidad, suele ocasionar dificultades a muchas personas y en varios ámbitos: en sus relaciones de pareja, en temas laborales, en procesos de aprendizaje o cambios, y, en general, en muchas otras circunstancias.

Está claro que la cualidad de inmediato, en muchas ocasiones, se puede dar y probablemente estará cargada de connotaciones positivas… 

Pero… ¿A qué dificultades nos exponemos cuando no gestionamos bien que hay cosas y/o personas que funcionan con otro timing distinto al que nos gustaría?

¿Qué ocurre cuando tú y tu pareja, no tenéis los mismos timings? Éste es uno de los aspectos que en terapia de pareja, se pone sobre la mesa más veces.  Genera dificultades tanto si hay convivencia como si no, siendo en el primer caso, dónde más abunda y más conflicto genera.

Si estás leyendo esto y te sientes identificadx… Piensa:

¿Cómo gestionáis esta circunstancia en vuestra relación?

¿Aceptas los “tiempos de reacción y funcionamiento” de vuestra pareja?, y viceversa, vuestra pareja, ¿acepta los vuestros?

En las siguientes líneas, vamos a citar algunos tips para que, si en tu relación, tú y tu pareja tenéis timings distintos, esto deje de ser un problema o al menos, mejoremos la forma de gestionarlo.

Primero de todo, veo interesante hablar del término asertividad y, más concretamente, derechos asertivos. Éstos son unos derechos no escritos, que todos poseemos, y que no sirven para “pisar” al otro, pero sí para considerarnos a la misma altura que todos los demás. Evidentemente, las personas que nos rodean, por esta regla de tres, tienen los mismos derechos, con lo cual, no sólo tenemos que procurárnoslos a nosotrxs mismxs, sino también, respetar los de quienes nos rodean.

En términos muy generales, tienen que ver con defender nuestras necesidades y respetar las del otro de forma asertiva. Por tanto, si somos conscientes de esta parte, entenderemos que en una relación de pareja, como individuos distintos que somos, cada uno tiene derecho a defender sus timings y a reconciliarse con los del otro. 

Pero… ¿Cómo se hace esto si aparentemente son polos opuestos? ¿Cómo defender que yo necesito inmediatez y respetar al mismo tiempo que mi pareja tiene un tiempo de reacción más lento?

Pues nadando en los grises. Siempre que en una relación hay aspectos dicotómicos, que nos sitúan en puntos aparentemente contrariados, hay que irse siempre a buscar el gris, aquel espacio, aquel funcionamiento en el que yo, renuncie en parte para acercarme al otro, y el otro, haga lo mismo para acercarse a mí. Obviamente, en esa parte de renuncia, siempre tiene que haber una parte de necesidad cubierta.

Lo traduzco con un ejemplo práctico: situación de discusión en la relación ( pongo este contexto ya que suele cuando más problemas suponen estas diferencias). El miembro A de la relación, cuando hay algún conflicto necesita y quiere solucionarlo en ese mismo momento que se ha dado. Necesita de esa inmediatez, ya que no gestiona bien el que eso se alargue en el tiempo ya que le genera mucho malestar. El miembro B, por el contrario, tiene una forma de reaccionar/funcionar más lenta, y ante una discusión, necesita y quiere hacer introspección, pensar, reflexionar, antes de comunicar y resolver. 

Esta es la realidad de tantísimas parejas hoy en día. ¿Cuál sería la mejor manera, entonces, para que ambos hagan uso de sus derechos asertivos, y al mismo tiempo, tengan en cuenta y respeten los del otro? 

Encontrar ese término medio entre renuncia y necesidad preservada: El miembro A, para acercarse al otro, tendrá que rebajar su necesidad de inmediatez. Pero para preservar su necesidad propia, tendrá que defender que la conversación se de en las próximas horas/día. El miembro B, que se tomaría más tiempo, no sabemos cuánto, o incluso evitaría el hablarlo, para acercarse al otro tendrá que renunciar a esa evitación o a ese “pasar de los días”, pero para preservar su necesidad propia, tendrá que defender su derecho a tomarse un tiempo. 

Por tanto, cuando esta situación se dé, ajustándose a cada circunstancia particular, acordar un momento de ese mismo día, o cómo mucho del día siguiente para poder, en un espacio reservado, que ambos elijáis, sentaros a hablar de ello, a comunicaros y resolver cualquiera que haya sido el motivo de discusión.

La idea es que, tanto el momento en el que os sentéis a hablar como el espacio reservado lo acordéis no cuando se da la discusión, si no, en un momento sin tensión, en el que ambos conociéndoos queráis acordar cómo gestionar los timings cuando hay conflicto. Por ejemplo: se habla dentro del mismo día o bien al día siguiente, y a la hora de la comida o cena. 

Recordar siempre, que para que esto funcione, hace falta compromiso con el acuerdo al que lleguéis.

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