Cuando hablamos de miedos irracionales solemos asociarlo a animales, a entornos concretos o a cosas. Sin embargo, en este caso, nos vamos a centrar en un miedo más curioso, vinculado a sentir ciertas emociones, concretamente aquellas relacionadas con el amor; este miedo es conocido como filofobia.   

La fobia a estar enamoradx, es un trastorno de ansiedad específico que surge ante la idea puramente desagradable de establecer un vínculo afectivo y profundo con otra persona. Este pánico al compromiso, genera todo tipo de conductas de evitación que interfieren de manera importante en la vida de quien lo sufre.

La actitud de estas personas suele ser desencadenada por una dificultad de apego, resultada de una niñez compleja, carente de cariño y repleta de rechazo. Las experiencias tempranas con figuras de apego determinan cómo vamos a vivenciar las relaciones a lo largo de nuestra vida, y el grado de seguridad y confianza que vamos a experimentar en ellas. También se asocia a una relación amorosa fallida que ha generado heridas emocionales y no se han sabido afrontar ni procesar adecuadamente.

Otro origen podría ser el miedo al rechazo. La memoria emocional hace que se despierten ciertas sensaciones pasadas de abandono y se interpreten los sentimientos de vinculación con otra persona como una amenaza, es entonces cuando aparece el temor. Su mayor prioridad es evitar que se produzca una situación similar a la vivida anteriormente y que les coloquen en la misma posición de vulnerabilidad. Por lo que tienden a crear una barrera para reprimir emociones, luchar contra ellas e impedir que crezcan.

Todos los filofobicos siguen un patrón de comportamiento similar, utilizan la huida como mecanismo de defensa si sienten algún tipo de sentimiento hacia otrx, o si perciben que la otra persona se está acercando demasiado. Por ello, tienden a enamorarse de individuos inalcanzables y a crear relaciones superficiales y sin compromiso. En ocasiones, tienen varios idilios a la vez, pero sin involucrarse emocionalmente. Otra estrategia que suelen utilizar, es la de relacionarse con gente distinta a ellxs lo que les sirve para buscar defectos y utilizarlo como excusa para no seguir con la relación, o la de ocasionar discusiones con la intención de que la otra persona ponga fin a la relación.  

Aunque existen diferentes niveles, este temor puede ser altamente incapacitante y crear problemas relacionales serios cuando invaden otras parcelas sociales (familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.), ya que les impide disfrutar de una necesitad básica como es socializar y predispone a la persona a asilarse del contacto, viviendo una existencia solitaria y llena de frustraciones. 

Estas conductas, generan altos niveles de estrés emocional que pueden llegar a repercutir físicamente. Los síntomas pueden variar de una persona a otra, aunque los más destacables son: ataques de pánico, taquicardia, desordenes intestinales, disnea (falta de aire al respirar), náuseas, impulsividad, temblores, sudoración, pérdida de control, abuso de sustancias y depresión. 

Pero, ¿cómo se puede revertir esta actitud temerosa?

El primer paso, es aceptar lo que nos ocurre, examinar de dónde surge ese pavor y reconocer qué conductas o acciones que lo mantienen. El segundo, tener la disposición de enfrentarlas, implementando ciertos hábitos que nos expongan al miedo, ya que cuando más se evita la fuente del pánico, más aumenta la aprensión.

Algunas de estas estrategias pueden ser:

Por un lado, no reprimir los sentimientos y comunicar la perturbación a personas de confianza. Por otro lado, vivir en el presente y sanar las heridas emocionales de historias pasadas y expectativas de futuro. De este modo la tensión emocional reducirá y se relajará. 

En los casos donde resulte imposible salir de esta situación de manera individual, es recomendable buscar la ayuda de un profesional. Aunque este tipo de fobia adquiere una dimensión más compleja puesto que la posibilidad de enamorarse es mucho más abstracta que en las fobias simples, puede remediarse; permitiendo a la persona gozar de interacciones y relaciones afectivas sanas.

 

 

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