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Psicología emocional

¿Qué es una agresión sexual?

 

Lamentablemente, la violencia y discriminación hacia las mujeres forma parte de nuestro día a día. Aunque el porcentaje cambia según la región, la cultura, la religión o la educación recibida: ningún país es libre de decir que se escapa de esta lacra. Dentro de la violencia que sufren las mujeres, encontramos una específica: la agresión sexual. La OMS estima que un 35% de mujeres sufre algún tipo de abuso físico o sexual durante su vida (puedes consultar los datos en su web), siendo las niñas y las adolescentes las que mayor riesgo tienen.

Pero, ¿qué es una agresión sexual?

Cuando hablamos de agresión sexual abarcamos un amplio espectro: desde la presión verbal al uso de la fuerza para mantener relaciones sexuales. Sería cualquier invasión en el terreno personal, íntimo y sexual de una persona cuya vulnerabilidad no le permite defenderse de su agresor. Una de las piezas claves reside en la falta de consentimiento: el agresor transgrede y no respeta los límites forzando la voluntad de la persona agredida y coarta su libertad sexual. La sexualidad acaba siendo una vía más para ejercer poder y crear una asimetría entre las partes.

Un elemento clave es la culpa. En numerosas ocasiones la víctima cree que podría haber hecho algo para evitar el abuso. Por ello es importante explorar la percepción y actitud respecto a lo ocurrido, ya que pueden sentir que de alguna manera contribuyó al abuso. Esto se puede ver reforzado a nivel social por la cultura de violación: la visión grupal que minimiza la responsabilidad de los violadores y culpa a las víctimas (por el hecho que fueran vestidas de una manera u otra, el consumo de sustancias o encontrarse en un lugar concreto). Esto agrava aún más el trauma mental y emocional que conlleva el sufrir una agresión sexual.

En este escenario, son muchas las personas agredidas que no se atreven a hablar de ello, en realidad se estima que menos de la mitad llega a denunciar (siendo este porcentaje menor en hombres que en mujeres). Además, se relaciona con retrasar la ayuda médica, lo que puede crear más secuelas a largo plazo. A nivel psicológico, algunos de los efectos que puede causar un abuso o agresión sexual son: fobias, depresión, ansiedad o trastorno por estrés postraumático (TEPT). La agresión sexual también puede afectar al desarrollo de una vida sexual positiva, en especial si ésta fue en la infancia o adolescencia. Su desarrollo dependerá de los recursos de afrontamiento y el apoyo familiar y social.

 

En los últimos años ha estado más presente en los medios de comunicación la denuncia de agresiones y abusos sexuales. Gran parte de la sociedad reclama una revisión de las leyes que juzgan estos delitos, y aunque es un cambio indispensable, también es necesario empezar por una educación afectivo-sexual transversal y con perspectiva de género para luchar para la erradicación de estas situaciones. Sólo así se promoverá una sexualidad sana, consensuada, placentera y compartida; y se dejará de utilizar como herramienta para ejercer poder.

 

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Arantxa Moliner. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.