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La zona de confort es un espacio seguro donde no arriesgamos, pero tampoco crecemos. Nos da una falsa sensación de comodidad, pero al mismo tiempo puede convertirse en la excusa perfecta para no hacer, no arriesgarse, no crecer, no mejorar  y, en última instancia, no vivir la vida con la plenitud que desearíamos.

Fuera de la zona de confort pueden darse cosas muy positivas a veces inimaginables, se produce el cambio y el crecimiento, y uno/a se acaba conociendo a si mismo/a mucho más.

Ahí también se encuentra la temida zona de pánico, por lo que es importante buscar el equilibrio entre experimentar un poco de ansiedad en clave positiva (ya que nos fortalecerá y nos ayudará a crecer) y, al mismo tiempo, conocer hasta dónde somos capaces de gestionar positivamente esa ansiedad,  identificando cuando nos estamos acercando al miedo y malestar, para moderar la velocidad e intensidad. No se trata de correr más o menos, si no de que exista movimiento por poco que sea y por lento que uno/ avance.

Dado que la zona de confort es un espacio que se construye lentamente a lo largo de los años, muchas veces no nos damos cuenta de que estamos atrapados en su interior. Estamos tan acostumbrados a nuestros hábitos y estilo de vida que no nos percatamos de cómo limitan nuestras posibilidades de crecer y convertirnos en la persona que nos gustaría ser o atrevernos a hacer todas esas cosas con las que siempre hemos soñado.

Si no sabes si la gestión que haces de tu zona de confort te está limitando, reflexiona sobre las siguientes señales que podrían indicar que estás anclado/a en la misma:

  1. Estancamiento emocional e intelectual: es posible que el permanecer anclados y encasillados siempre en los mismos hábitos y rutinas, nos lleve a experimentar una profunda apatía, desmotivación e incluso anhedonia ya que ningún nuevo proyecto o plan te anima lo suficiente y te permite disfrutar y experimentar placer. Además, intelectualmente, te cierras a nuevas ideas y puntos de vista, ya que estos no encajan con tu sistema de creencias perfectamente estructurado, con lo que, no aprendes nada nuevo.

 

  1. Acomodarse en excusas: la falsa sensación de comodidad y el nunca arriesgar, te lleva a alimentar ciertos miedos, y a no asumir riesgos, por lo que prefieres dejar pasar las buenas oportunidades con la excusa de que podrías perder más que ganar.

 

 

  1. Sobrevives en vez de vivir: desde hace meses o años sigues la misma rutina, de manera que hace mucho que no experimentas esa increíble sensación de estar vivo y de ilusionarte por probar cosas nuevas. Puede que esto te lleve a aislarte y comiences a pensar que todo carece de sentido ya que no encuentras nada estimulante en tu rutina cotidiana.

 

  1. Engañarse a si mismo/a: sientes que estás bien así, aunque en el fondo experimentas un gran vacío, como si necesitaras algo más, aunque no sabes exactamente qué es y tampoco haces nada para averiguarlo.
  2. Vocabulario de condicionales: Tus discursos están llenos de palabras como “me gustaría”, “quizá”, “vamos a ver”… Esas palabras vagas que señalan un deseo permanentemente postergado pero que en realidad son una expresión del miedo a salir de la zona de confort.

 

  1. Inactividad: Dices “no” continuamente a todos los planes e ideas nuevas que te proponen y que implican un cambio en tu rutina o manera de hacer las cosas. Esa falsa comodidad y tendencia a las negativas, suele ser incompatible con poder ser más productivos/as, con ganar confianza en nosotros/as mismos/as y en definitiva, nos limita el empoderarnos ante circunstancias nuevas.

 

  1. Vulnerabilidad cuando se dan los tiempos difíciles: la falsa seguridad y comodidad de nuestra zona de confort, nos hace creer que no salir de ahí nos protegerá de los problemas, sin embargo, cuando estos aparecen en la vida de manera inesperada generando una gran incertidumbre, al no estar acostumbrados a los cambios, esos problemas pueden desestabilizarnos e incluso generar trastornos psicológicos.

 

Si te sientes identificado/a con todas estas señales, es posible que estés estancado/a en tu zona de confort. Nunca es tarde para iniciar el proceso de movimiento dirección zona de crecimiento y aprendizaje.

 

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Maria Villalba. Psicóloga, sexóloga y terapeuta de parejas.