Las personas somos seres sociales, y cómo tales, en mayor o menor medida, nos gusta encajar en sociedad y buscamos esa pertenencia al grupo.

Queremos agradar, y eso en realidad no tiene por qué ser negativo o generador de malestar. El problema aparece cuando se tienen creencias erróneas que alimentan nuestra inseguridad emocional dando lugar a una excesiva necesidad de aprobación.

Este aspecto, sin duda, acaba condicionando nuestra forma de actuar y sentir, ya que, probablemente,  cuando el motor de nuestra vida está ligado a las valoraciones y opiniones de los demás, muy difícilmente podremos relacionarnos asertivamente.

Si no gustamos a una persona, no significa en ningún caso que no valgamos nada ni debe dar pie a autocríticas destructivas ni infravaloraciones.

Que en ocasiones no gustemos o no agradamos a determinadas personas, no necesariamente se debe a algo que esté mal en nostrxs, o que hayamos hecho mal. 

Como hemos comentado en otros artículos, hay que repartir responsabilidades y no debemos adjudicarnos el 100% del éxito o fracaso de nuestras relaciones sociales. Las motivaciones, las necesidades y las prioridades de los demás también entran en esta ecuación.

Algunos tips para poder deconstruir ciertas creencias que favorecen esa dependencia o adicción a la aprobación de los demás, son los siguientes.

  1. Trabaja tu autoestima y autoconcepto: Está claro que cualquier dependencia en relación a otros, (entendiendo dependencia como necesidad), parte de una autoestima pobre, no del todo saludable ya que no nos permite querer agradar y nos lleva a necesitar agradar, con toda la disfuncionalidad de la situación.
  2. Revisa tu idea sobre las discrepancias. Una visión negativa sobre las discrepancias, alimentada por creencias erróneas, puede generarnos una baja tolerancia a éstas, que puede expresarse con no defender nuestras opiniones para encajar, aceptar opiniones con las que no estemos de acuerdo, etc… En cambio, una visión positiva de la discrepancia te permitirá mejorar tus habilidades de comunicación asertiva, hacer preguntas para aclarar una situación, expresar tus desacuerdos y opiniones e incluso decir que no cuando realmente quieres decir no.
  3. Toma tus propias decisiones y considera si estás teniendo en cuenta también tus necesidades y deseos aparte de tener en cuenta las de los demás.
  4. Cuando estés decidiendo algo, reflexiona cómo te sientes, qué deseas, cuál es el objetivo y las motivaciones que guían tu elección, en definitiva, reflexiona sobre el sentido que aquello tiene para ti.
  5. No olvides repasar aquellas trampas mentales y distorsiones que alimentan tus creencias disfuncionales, especialmente aquellas tendencias perfeccionistas, que pueden llevarte a confundir tu valía en función de los resultados y logros en distintos planos de actuación.

Recuerda que no son los demás quienes tienen que cambiar su opinión sobre ti, no es ello lo que nos genera necesidad de aprobación, si no nosotrxs mismxs quienes debemos cambiar la interpretación que hacemos de aquellas opiniones ajenas discrepantes, entendiendo que, gustar puede ser satisfactorio, pero no debemos convertirlo en una necesidad.

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