La comunicación en pareja es un factor clave para que la relación funcione, pero el problema reside en que no nos han enseñado a trabajarla ni a conocer las claves para que ésta funcione. Siempre digo que a ver si de una vez por todas conseguimos que en las escuelas se hable más de emociones y menos de teoría. 

La base de cualquier tipo de comunicación reside en nuestras emociones, es decir, dependiendo de cómo gestionemos nuestras emociones, sabremos comunicarnos de un modo u otro. Por ende, vamos a hablar de las dos principales formas que regulamos nuestras emociones. 

La auto-regulación: Este tipo de gestión emocional, como su propio nombre indica, se refiere a cómo uno mismo regula sus emociones, es decir, lo que uno mismo hace para identificarlas, reflexionar sobre ellas y aprender a “dominarlas”. Por ejemplo, yo puedo usar el deporte para reducir mi estrés, puedo necesitar un rato para saber qué siento, quizás prefiero ponerme música para calmar mi ansiedad, etc. Por supuesto dependiendo de cada emoción quizás necesitamos una cosa distinta, lo importante es saber gestionar por uno mismo sus emociones. 

La co-regulación: Este otro tipo hace hincapié en cómo gestionamos las emociones con los demás, es decir, cuando por ejemplo tenemos un conflicto y a través de hablar con esa persona nos regulamos y resolvemos el malestar. O quizás, quedando con alguien para distraernos y hablar de que nos sentimos mal por algo también sería co-regulación. 

Ante estos dos tipos, lo más importante es conocer si sabemos gestionar nuestras emociones a través de las dos vías y si hay un equilibrio entre ellas. Por supuesto, el equilibrio perfecto no existe y eso es lo que provoca un malestar en la relación. Es decir, si uno tiende a la auto-regulación (se aleja, necesita tiempo para pensar, etc.) y el otro tiende a la co-regulación (busca la conversación, el resolver el conflicto al momento, le va bien hablarlo todo, etc.) eso provocará una comunicación deficiente con tendencia al conflicto. Uno necesitará irse y el otro necesitará hablar.

¿Cómo se resuelve eso? La clave está en generar un pacto que permita a uno tener su espacio de reflexión y al otro saber que habrá el momento de la conversación. En consulta ofrezco distintas pautas que ayudan a ello, por ejemplo:

  • Cuando el malestar empiece dejar 30 minutos para reflexionar y luego volverse a encontrar para seguir hablando del tema. 
  • Hacer una lista de las cosas que están afectando a uno y exponerlo una vez a la semana de forma conjunta. 
  • Cuando algo molesta tener una conversación de 30 minutos máximo y si no se resuelve dejarlo ahí y al día siguiente hablar de las posibles soluciones. 

Cuando la comunicación siempre nos lleva al conflicto, acaba provocando un bloqueo en los pactos, es decir, nunca se llega a resolver el malestar y, por tanto, se volverá a repetir en un futuro generando una bola de nieve. 

Es fundamental llegar a pactos en pareja que nos llevan a crear dinámicas positivas para ambos. Hablar, expresar el malestar, empatizar con el otro, reflexionar sobre posibles pactos y adaptarse mutuamente es necesario para tener una relación de pareja sana y positiva. 

 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)