Día a día en mi consulta me encuentro a personas que quieren separarse y no saben cómo hacerlo o dudan de si es el mejor camino. Principalmente me encuentro dos escenarios, que el planteamiento de la separación sea por carencias o dificultades en la relación (por ejemplo, discusiones, pérdida del vínculo de pareja, proyectos divergentes, etc.) o por necesidades personales (por ejemplo, una crisis vital, una pérdida del enamoramiento, un cambio de necesidades, etc.). Tendemos a aceptar una separación por un conflicto en la relación per nos cuesta permitirnos o aceptar que por ejemplo las necesidades de uno mismo hayan cambiado o que hayamos dejado de sentir, que ya no estemos enamorados. Debes permitirte cualquier motivo si lo que realmente deseas es finalizar esa relación de pareja. 

Un factor de peso son los hijos, cuando hay una familia creada también es un motivo de dudas. Siempre comento que los hijos deben unir a la pareja y deben ser un motivo para luchar y seguir creciendo, pero si son el único punto de unión lo mejor es planearse una posible separación. 

El primer paso es poner sobre la mesa todo lo que siento, abrirte y apuntar todas tus emociones. Y a continuación plantear qué puedo hacer para gestionar esas emociones. Si tengo miedo, quizás debo generar un plan de acción de cómo será mi vida. Si me supera la idea de romper la familia quizás me tendré que informar sobre qué proceso hay que seguir, etc. si no diferencias las emociones y los miedos y los vas tratando uno a uno se te harán una montaña y no conseguirás ordenarlos ni resolverlos y te sentirás estancado. 

Recomiendo hacer tres bloques: el primero sobre la toma de decisión y el exponerlo a la pareja, el segundo sobre la ejecución y los cambios y el tercero respecto al futuro incierto. De este modo podrás concretar y visualizar qué sientes. 

Los principales miedos que generan bloqueo ante una situación de separación son: 

  • Miedo al arrepentimiento
  • Miedo a la soledad
  • Miedo a la tristeza y al sufrimiento
  • Miedo a hacer daño a los hijos
  • Miedo a no saber valerse por uno mismo
  • Miedo a no poder superarlo
  • Miedo a no encontrar otra pareja
  • Miedo a la incertidumbre

Para conseguir entender si el malestar está en la pareja, en uno mismo o quizás hay carencia de otros aspectos vitales, lo más importante es hacer el ejercicio de la mesa vital. Se trata de que visualices una mesa redonda de tres patas y reflexiones sobre los 4 factores vitales más importantes: trabajo, familia y amigos, pareja y el yo. Debes plantearte cuáles de los 4 son los 3 más relevantes para ti y colocarlos en las tres patas para conseguir que la mesa del bienestar sea estable y robusta. Seguramente deberás plantearte si las tres patas son igual de estables y seguras y dedicamos energía a construirlas y a cuidarlas del mismo modo. Normalmente hay la creencia de que la pareja es fundamental y quizás es el factor que dejas fuera de la mesa o quizás estás haciendo lo contrario, ponerle todo el peso de la mesa a la pata de la pareja y no estás reforzando el resto. En ocasiones se focaliza el malestar en la pareja cuando quizás está en otros ámbitos de tu vida. 

El siguiente paso es plantearte si realmente has intentado trabajar la relación y mejorar aquello que te hace tomar la decisión de separación o no es algo que se pueda trabajar. En ocasiones las relaciones pueden mejorar y convertirse en aquello que deseamos. En consulta veo muchas parejas que llegan estando al límite y desde el primer minuto me plantean la separación porque la consideran la vía más fácil para resolver el malestar, pero cuando les enfocas bien la situación, les enseñas los aspectos a trabajar y les das herramientas para ello empiezan a florecer y a conseguir una nueva versión de la relación que les llena y les hace seguir el camino juntos. En cambio, hay parejas que parecían estar bien, que solo venían para mejorar algún aspecto y se les termina haciendo un mundo y acaban tomando caminos por separado. 

Por tanto, te animo a reflexionar sobre los principales puntos de una relación y plantearte qué depende de ti, qué puedes hacer para mejorar la relación (debemos centrar la energía en el yo y no en el otro) y después también debes pensar en qué no depende de ti y si lo aceptas (tampoco podemos pretender por ejemplo cambiar al otro). 

1.- Comunicación

2.- Afecto

3.- Relaciones sexuales

4.- Educación de los hijos

5.- Filosofía de vida y proyectos

6.- Economía y gastos

7.- Ocio

8.- Familiares próximos y amistades

9.- Tareas de casa y rutinas

10.- El otro

Una vez has identificado tus miedos y emociones, has analizado tu bienestar emocional y te has planteado qué se debería mejorar de la pareja toca posicionarse. Por supuesto en la mayoría de los casos no hay un camino seguro del todo, pero lo más importante es analizar y actuar y no quedarte anclado en el pensamiento y en las posibilidades.

 

 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)