Actualmente hay, por suerte, la libertad de elegir si seguir con una relación o no. Ya hemos salido de esa idea de “para toda la vida” en la que te gustara o no debías seguir con la persona que habías elegido en su momento. Con las opciones de decidir si seguir o no con la pareja hay un factor relevante y son los hijos, si los hay claro. Por supuesto hay mil factores que pueden condicionar la decisión más allá de los hijos, pero normalmente veo en consulta que los hijos son el factor que más hace intentar luchar y esforzarse para conseguir que una relación tire para delante. 

Cuando todos los intentos han sido fallidos se llega al punto de la ruptura, tanto de la pareja como de la familia porque si hay hijos en la relación inevitablemente les afecta tanto la separación de sus padres como el cambio de modelo familiar. Con esto no quiero decir que no pueda haber una separación sino que hay que tener muy en cuenta todo lo que conlleva y la afectación que provoca hacia los hijos. 

Por ende, lo primero importante es que los hijos no tienen que saber los motivos de la ruptura ni vivir el proceso de conflicto entre sus padres, hay que mantenerlos lo más al margen posible y, cuando todo esté pactado y decidido, transmitirles la información como equipo y con mucha claridad. 

Una vez la separación ya se haya realizado, los hijos nunca deben ser ni espías, ni moneda de cambio ni hay que comprarlos con regalos ni competir con el otro progenitor. La familia sigue existiendo, aunque haya cambiado su formato y ambos padres deben funcionar como equipo en este sentido. 

Y si llega el momento de rehacer la vida amorosa con un nuevo amor, lo más importante es que los pequeños se mantengan al margen hasta que la relación esté lo suficiente consolidada como para exponérselo a ellos y explicarles qué va a ocurrir a partir de ese momento. Por supuesto el hijo tiene derecho a que no le caiga bien la persona, a enfadarse, a sentirse mal, hay que permitirle expresarse y que tenga sus propias emociones así como tenerlo en cuenta. 

Hay que recordar que lo que los niños reciben de pequeños es el patrón de conducta que tienen a reproducir. Por tanto, aquello que les enseñemos que es el amor y las relaciones es lo que van a interiorizar y generar en su futuro amoroso, la importancia del aprendizaje de los vínculos afecta a muchos niveles en la madurez, tanto en la autoestima, la seguridad personal, los miedos en las relaciones, el patrón conductual en el amor, etc. 

Por tanto, es tan importante la gestión de la separación como el vínculo familiar posterior como la introducción y generación de nuevas figuras amorosas. Hay que darle el valor que se merece y evitar guiarnos por el impulso, la rabia, el enfado, la ilusión, etc. Primero hay que identificar lo que uno siente, luego responsabilizarse, después analizarlo y por último gestionarlo con madurez emocional.

 

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Fuente: La Alcoba – La Vanguardia (Núria Jorba)