¿Te cuesta responsabilizarte del estado de tus relaciones y hacer autocrítica? O, por el contrario, ¿crees que te responsabilizas con exceso?

Cuando una pareja llega a terapia de pareja, muchas veces, llega instaurada en que todo lo que ocurre “es culpa del otro”. Vienen con el dedo acusador apuntando al otro, señalando todas sus faltas, y sin embargo, cuando se tiene que hacer autocrítica, ahí, aparecen unas resistencias considerables. 

                « Yo? Pobre de mí…  es “su culpa.”…»

Y no. No es así. Se genera una especie de shock, como si lo que había estado creyendo desde hacía meses o incluso años, de repente, se deconstruye.

Primero de todo, porque desmontamos culpa, y hablamos de responsabilidades. Ahí, parece que no, pero ya cambia la cosa. Después, porque siempre, en todas las relaciones, sean del tipo que sea, es responsabilidad de ambas partes el desarrollo que ésta tenga. Tanto si es positivo como si es negativo. 

Cada miembro de la relación, habrá contribuido de una manera u otra, no ambos en la misma proporción, no es una balanza en ocasiones perfectamente equilibrada, pero si que en ambos vértices “hay contenido”.

Y éste, para mí, es uno de los primeros ejercicios que se deben hacer cuando hay situaciones en nuestras relaciones de pareja (y no pareja) que no vayan bien, y es la repartición de responsabilidades. Sólo desde ahí, se baja la defensiva, el dedo acusador ya no señala al otro, y entendemos que ambos hemos contribuido o estamos contribuyendo en esa situación molesta.

Ahí ya no hay víctimas y verdugos, tampoco contrarios. Ahí hay dos personas, del mismo equipo, que tienen que mejorar cada una sus propias habilidades para que el equipo funcione mejor. 

Por otro lado, aparece otra situación disfuncional con las responsabilidades. Y es el otro extremo a la resistencia a la autocrítica, eso es, las personas que se responsabilizan (más bien culpan) del 100% del estado de sus relaciones de pareja (y repito, y de no pareja, también).

Hay muchas personas que cuando algo no va bien con el otro miembro de la relación, llegan inmersos en un “mea culpa”, que se repiten en bucle, y que es de lo más dañino y autodestructivo que hay.

Desde ahí, pueden derivar muchísimas disfuncionalidades, desde relaciones dependientes, desde falta de asertividad y habilidades para poner límites, hasta una gran angustia y malestar por garantizar el éxito de esa relación y no caer en el fracaso.

Estos roles, también pueden alimentar que el otro, se crea también que es así, y por tanto, caiga en no auto responsabilizarse de nada.

Ambos extremos, como ocurre con muchas cosas, no nos permiten ni avanzar, ni mejorar las situaciones que no nos hagan sentir bien en nuestras relaciones, ya que no ofrecen una visión realista de la situación, sino sesgada. 

El equilibrio se produce cuando, primero, soy capaz de hacer autocrítica para responsabilizarme de mi parte, sea mayor o menor que la del otro, pero ser, es, y contribuir, he contribuido o sigo haciéndolo, y segundo, cuando no me cargo en mi mochila, más de lo que es mi responsabilidad, asumiendo la totalidad de una situación determinada.

¿Qué piensas?… ¿Dónde crees que te situarías tú?

Si quieres saber más y conocernos sigue navegando por nuestra web

Contacta con nosotros